35. El gato negro

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¡No me gustan los gatos! No tienen sentido del humor, encima no les gusta jugar. Y para postre tienen unas uñas que parecen agujas. Las mías no arañan tanto.

Empecé a descubrirlos un día de paseo, al principio mamá  no dejaba que me acercara a ellos, aunque cuando podía intentaba hacerlo e iba corriendo para ver si querían jugar. Pero algunos se escondían, otros se ponían con el pelo erizado y con cara de pocos amigos, así que pasaba de ellos.

Un día en uno de los paseos que doy con Lu y sus amigas, encontré a uno que ni se escondió al verme, ni se erizó, pensé que eso era la señal de que no le importaba jugar conmigo, pero no sabéis lo equivocada que estaba, pues cuando ya me tenía muy cerca, alargó su pata y de ella salieron sus afiladas uñas, clavándolas en mi nariz. Intenté reaccionar, pero fui lenta, porque empezó a correr y no pude alcanzarlo. Era negro y me había quedado con su cara.

Pasaron los días y no había rastro del gato negro. Pero sabía que no rondaría muy lejos. Tarde o temprano volvería a encontrármelo y entonces le faltarían patas para correr.

Y así pasó, esa noche paseábamos las tres, Lu y mamá se habían cansado de lanzarme palitos e iban hablando algo despistadas, yo intentaba entretenerme oliendo las huellas que habían dejado algunos de mis amigos, cuando de repente olí algo que estaba buscando desde hacía días. El olor era inconfundible, afiné un poco más mi nariz, el olor venía de lejos, hacia la derecha, busqué y allí estaba, un poco lejos pero no lo suficiente para poder alcanzarlo, ¡el gato negro! ¡Lo había descubierto! Lo miré, me miró y no hubo nada más. Corrí hacia él, esta vez no se me escaparía.

A lo lejos, escuchaba la voz de Lu y mamá gritándome pero mi objetivo era pillar al gato y darle su merecido.

Cuando estaba a punto de alcanzarlo, algo golpeó en mis patas traseras y me hizo perder el equilibrio, grité me había dolido, pero rápidamente vi que el gato se había dado cuenta de mi presencia y se escapaba. Había dejado de oír los gritos, ya no veía al gato, las patas me dolían, no sabía dónde estaba, quería correr pero no sabía hacia donde, cuando de repente un chico me sujetó. Enseguida oí una voz dulce y aterrada, era la de Lu, que viéndome como corría detrás del gato, había corrido detrás de mí. Sus lágrimas caían mojándome, ¿por qué lloraba? ¿Ella también lamentaba que se me hubiera escapado el gato? No tardó en aparecer mamá, llorando también, no entendía nada, ¿qué les pasaba? Las dos empezaron a mirar mi cuerpo, mamá me tocaba, primero la cabeza, luego la barriga, las patas delanteras y las traseras ¡Ay!, solté, ahí no que me duele un poco. Las dos me abrazaban, mientras no paraban de llorar.

Le dieron las gracias al chico y este marchó. Luego para mi sorpresa, mamá empezó a echarle la bronca a Lu, por lo visto había salido corriendo detrás de mí, sin mirar si venían coches ¡La bronca fue descomunal! Pero lo peor estaba por venir, ¡la mía! Me echaron bronca las dos, eso sí sentadas en un banco, pues a mamá le temblaban tanto las piernas que no podía dar ni un paso. No entendía mucho que había pasado, bueno, sí, que se me había escapado el gato. Por lo demás, era bronca, abrazo, abrazo, vuelta a la bronca y así estuvimos hasta que las dos se calmaron y volvimos a casa.

Desde entonces, ya no me dejan ir sola por esa zona, saben que hay muchos gatos y temen que me vuelva a escapar y otro coche me atropelle.

Aunque no me olvido del gato, me he quedado con su cara y tarde o temprano, lo cogeré.

Nube Lengualarga

34. La peluquería

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Me gusta ir a la peluquería, me lavan con agua calentita y me secan con el secador que aunque hace mucho ruido, sale el aire calentito también y luego huelo muy bien. Además siempre hay otros perros y mientras esperamos jugamos un rato. Y cuando marcho a casa, como me porto muy bien me premian dándome una chuche y cuando vienen a recogerme me dicen muchas veces lo guapa que estoy.

Me llama la atención que algunos perros les cortan mucho el pelo, a veces no parecen los mismos y les dejan un rabo ridículo, como una especie de pompón en su cola. Cuando los veo, no puedo evitar reírme, menos mal que a mí solo me cortan el pelo un poquito.

Pero hoy ha pasado una cosa, después del secador, el chico ha sacado una máquina que no hace tanto ruido como el secador pero también hace y la ha pasado por todo mi cuerpo e incluso por mi rabito, yo veía cómo caían al suelo los trozos de pelo y cuando he querido protestar ya estaba sin él. He intentado decirle que el rabito no, que no me hiciera ese ridículo pompón, no me lo ha llegado a hacer, pero me ha dejado casi sin pelo en mi rabito.

¡Nooooo! Cuando me he mirado en el espejo, no era yo. Estaba igual de ridícula que los demás cuando les cortan el pelo.

Estaba tan enfadada que cuando han venido a buscarme no les he hecho ni caso, decían que estaba muy guapa, pero no es verdad. Ya no parezco una nube blanca y esponjosa, ahora cuando corra no seré la bala blanca.

Estaba tan, pero que tan enfadada, que no he movido el rabito cuando las he visto, ni me he tirado encima de ellas, se han dado cuenta de mi enfado, porque cuando nos hemos ido al paseo les decían a todos que me dijeran que estaba muy guapa, y aunque la gente me lo decía yo seguía enfadada.

Solo se me ha pasado cuando he visto a mi novio Pity, porque me ha dicho que con pelo o sin pelo, sigo siendo yo. Además el pelo crece y dentro de poco tiempo volveré a ser Nube, la bala blanca, suave y esponjosa.

Además siempre hay otros perros y mientras esperamos jugamos un rato. Y cuando marcho a casa, como me porto muy bien me premian dándome una chuche y cuando vienen a recogerme me dicen muchas veces lo guapa que estoy.

Me llama la atención que algunos perros les cortan mucho el pelo, a veces no parecen los mismos y les dejan un rabo ridículo, como una especie de pompón en su cola. Cuando los veo, no puedo evitar reírme, menos mal que a mí solo me cortan el pelo un poquito.

Pero hoy ha pasado una cosa, después del secador, el chico ha sacado una máquina que no hace tanto ruido como el secador pero también hace y la ha pasado por todo mi cuerpo e incluso por mi rabito, yo veía cómo caían al suelo los trozos de pelo y cuando he querido protestar ya estaba sin él. He intentado decirle que el rabito no, que no me hiciera ese ridículo pompón, no me lo ha llegado a hacer, pero me ha dejado casi sin pelo en mi rabito.

¡Nooooo! Cuando me he mirado en el espejo, no era yo. Estaba igual de ridícula que los demás cuando les cortan el pelo.

Estaba tan enfadada que cuando han venido a buscarme no les he hecho ni caso, decían que estaba muy guapa, pero no es verdad. Ya no parezco una nube blanca y esponjosa, ahora cuando corra no seré la bala blanca.

Estaba tan, pero que tan enfadada, que no he movido el rabito cuando las he visto, ni me he tirado encima de ellas, se han dado cuenta de mi enfado, porque cuando nos hemos ido al paseo les decían a todos que me dijeran que estaba muy guapa, y aunque la gente me lo decía yo seguía enfadada.

Solo se me ha pasado cuando he visto a mi novio Pity, porque me ha dicho que con pelo o sin pelo, sigo siendo yo. Además el pelo crece y dentro de poco tiempo volveré a ser Nube, la bala blanca, suave y esponjosa.

Nube Lengualarga

33. Chocolate malo

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Un ruido, levanto la cabeza, ¡cómo pesa!, es mamá, me acaricia de nuevo y me da agua dulce, menos mal tenía sed. Voy a seguir durmiendo, Lu sigue a mi lado y también oigo los ronquidos deben ser de mamá, sí, estoy en casa o un lugar muy parecido al cielo. Mañana será otro día. Buenas noches.

Hace un rato que ellas se levantaron. Yo lo intenté, pero todavía me pesaba el cuerpo así que he dormido un ratito más. Me ha venido muy bien porque cuando me he despertado ya sentía que tenía de nuevo energía para levantarme y mis patas no flojeaban. Aunque me he despertado con mucha sed y hambre.

Me han dado los buenos días con un: ¿Qué tal Nube, ya te encuentras mejor?

Mamá ha dicho lo de siempre: ¡No gano contigo para disgustos!

No sé por qué lo dice, será por la tos de la perrera que me entró o por la vez que creía que me había comido los cristales de la bombilla cuando se rompió, o cuando me escondí detrás del sillón y tardaron mucho en encontrarme o aquella vez que me metí dentro de la lavadora o por las veces que me escondo en el paseo cuando ella se despista. ¡Qué risa! Ella se asusta pero yo me lo paso muy bien, solo son pequeñas travesuras.

Bueno esta vez parece que no están muy enfadadas conmigo. Ha debido de ser porque la culpa no ha sido mía sino de eso que me comí.

Les he oído comentar que era chocolate, pero debía estar malo, porque el que se le cae a Lu cuando come galletas no me sienta mal.

Pero esta vez he aprendido la lección: no comeré nada del parque y menos chocolate. No es bueno para los perros nos ponemos malitos, ni el del parque ni el de las galletas de Lu.

Nube Lengualarga

32. Noche de fiesta

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Llega Lu, pero no tengo fuerzas para ir a saludarla, menearé el rabo. Viene a decirme algo, pero no la entiendo, creo que mamá ya le ha dicho que me he portado mal, pero no entiendo muy bien lo que dice, solo mi nombre: Nuuuuubeeeeee. Mi nombre suena largo, ahora mismo es como si estuviera flotando, como si en vez de una perrita fuera una nube en el cielo.

Se enciende la luz de la cocina, hora de preparar la cena, iría pero no tengo ganas, me quedo aquí flotando. La mesa para cenar está preparada, pero no puedo levantarme me pesa mucho el cuerpo, además no tengo hambre. Acaban de cenar, mamá cree que me estoy portando tan bien porque está enfadada conmigo, pero no es eso, es que no puedo mover ni el rabo, que me pesa también, voy a intentar, ¡qué va, no puedo! Es como si en vez de rabo, me hubieran puesto una piedra. Intento levantar la cabeza, pero no puedo, ¡socorro! Solo consigo sacar de mi cuerpo dos grandes lamentos, luego me rindo, ¿se ha ido la luz?

A no, ¿qué ha pasado? Estoy en brazos de Lu, algo ha pasado pues la cara de mamá es de preocupación, ¿está llorando? Y Lu también, me siento húmeda, creo que se me ha escapado el pipí, pero no pasa nada porque no me han reñido, ahora es mamá la que me coge, me pone en el sillón y me acaricia. Creo que he oído algo de Eduardo.

¡Eduardo! Sí, debo de estar malita.

Intento ponerme en pie, han dicho la palabra mágica: ¡Vamos!, pero no consigo dar más que unos pocos pasos. Mis patas tiemblan, y el pasillo se estrecha y se agranda, me vuelve a coger en brazos Lu, menos mal. Llegamos al ascensor, me deja en el suelo pero mi cuerpo no aguanta y me vuelvo a caer.

Nos vamos en coche, menos mal porque no creo que sea capaz de llegar a ninguna parte.

Ya hemos parado, los olores me son familiares, bajo del coche y sí, estamos donde Eduardo y Dani. Por favor, que me den algo y mis patas vuelvan a sujetarme, aunque esto es divertido, me llevan en brazos y veo lucecitas.

Estamos sentadas en un banco, se está fresquito pero es de noche, ¿vamos a pasear?

Creo que no, porque me cogen en brazos, la cabeza me pesa y todo parece dar vueltas ¡qué divertido! ¡Anda! Si es Eduardo, no, no quiero quedarme aquí, me voy, pero no puedo estas patitas que no me obedecen y pesan mucho. ¡Hola, Eduardo! Perdona, pero hoy solo te puedo saludar moviendo el rabo.

Dice que es buena señal que mueva el rabo, ¡mira, mira! Como lo muevo, estoy echada en la mesa, no puedo moverme, es como si me hubiera quedado pegada, lo único que puedo mover es el rabo, y lo muevo. ¡Que apague esa luz, por favor! ¿Por qué me mirará los ojos con esa linterna? No le basta la luz, cómo molesta. Menos mal que están Lu y mamá, que me acarician, ahora un pinchacito en mi pata, parecía un mosquito, pero no, no debe de ser porque noto algo raro.

Están hablando, se ríen, yo también lo haría pero me pesa más de lo normal la lengua, tengo sed. Por el tono de sus voces, creo que no estoy tan mal, quiero decirles que estoy bien, veo las cosas un poco raras, sus caras se alargan y solo les entiendo mi nombre: ¡Nuuuubeeee! ¡Aish! Vuelvo a suspirar. Me vuelven a poner de pie, pero no puedo, creo que mi cuerpo se ha transformado en un dóberman, pues las patas también las veo más largas, y mi cuerpo pesa mucho tanto, que no puedo sujetarme en pie. Volvemos al coche, debo de haberme portado bien, pues Eduardo me ha dado una chuche, ¡qué majo es!

Ahora, me encuentro un poquito mejor, con el agua dulce que me ha dado y la chuche, creo que podré llegar a casa. Ya estoy en el ascensor. Sí, dejadme que yo puedo sola, una, dos y tres, no puedo y acabo cayéndome al suelo, ¡qué divertido! Desde aquí las veo gigantes. ¿Han crecido ellas también?

¡Por fin, estamos de nuevo en casa! ¡Qué cansada estoy! Me voy a dormir un ratito. ¡Ey! ¿Qué pasa, no me dejáis en el sillón? Ah, pues no. ¡No me lo puedo creer! ¡Estoy en el cielo!

Blandito, huele bien, Lu está a mi lado, ¿se va a quedar a dormir conmigo? pero esta es la cama grande, la de mamá y ella me está dando mimos. Estoy soñando o estoy en el cielo. Las luces se han apagado, pero oigo a lo lejos los latidos de un corazón y huele a Lu, me está tocando la patita, voy a dormir.

Nube Lengualarga

31. Un paseo con sorpresa

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Parecía un paseo más, lo mismo de siempre, del sofá, a desperezarme, beber un poco de agua y luego buscar a mamá en el estudio, allí está hasta que yo llego, tecleando en el ordenador. Me acerco a sus piernas, me acaricia la cabeza, me gusta, luego empiezo a mover el rabo cada vez más rápido mostrando mi impaciencia, me dice que me espere un ratito más, pero ya tengo ganas de ir a pasear, intento incordiarla, pero no funciona, no me hace caso y me invita a irme a mi sitio. En el estudio tengo mi alfombra, me gusta porque me estiro y es grande, además es un poco áspera y rasco mi lomo sobre ella. Como mi primera táctica no ha funcionado, utilizaré la segunda, ponerme en mi alfombra y posición de perrita lastimera, es decir, me tumbo y empiezo a suspirar, si no le conmueve mucho entonces empiezo a  lloriquear  y con eso es bastante, no se puede resistir, se levanta, se va a cambiar de ropa y listas, para dar ese paseo.

Como os he contado, todo parecía a que sería un paseo más, empezamos con el recorrido habitual, vimos a Kika con su pelota, intenté quitársela pero me gruñó, ¡hay que ver como se pone por una pelotita!, cada vez tiene más mal genio, no aguanta mis bromas, si solo se la quito para que corra tras mía, a mí me gustan más los palitos.

Luego el trío de bulldogs, pasan de largo, no importa el paseo no ha hecho más que empezar. Llegamos a la zona de los palitos, miro a mamá, pero está entretenida con la música de sus auriculares, no se le ve intención de lanzarme palitos, bueno los buscaré yo.

¡Anda, cuánta gente hay hoy! Se nota que es verano y hace calor, pues veo a muchos niños con sus bicicletas, patines y pelotas, ellos juegan con sus cosas y yo con las mías.

Llegamos a la fuente, espero a que den al botón y salga el agua. ¡Uy, qué fresquita!

Ahora, ¿por dónde seguimos?

Veo que me ata, así que continuaremos hacia el camino de los árboles, ¡qué bien!

Cruzamos la carretera y seguimos, me vuelve a soltar, me dirijo al merendero, a ver qué pillo hoy. Hay mucha gente, así que va a estar difícil la cosa. Me vuelve a atar, hay gente y hasta que no crucemos el parque no me soltará. Por fin, hemos cruzado el parque, ya soy libre otra vez. Por aquí hay gente, pero menos. Voy a ver entre los setos, sé que no le gusta que me meta por ahí, pero de vez en cuando me encuentro alguna sorpresa. Me dice que no, pero yo la miro y le digo: solo un poquito, y corro, olisqueo rápido, no hay nada. Cuando la e de mi nombre se alarga así: Nubeeeee, es señal de que el tiempo se ha acabado. Salgo de los setos ¡Ja!, me esperaba por un sitio y la he vuelto a sorprender, he salido por otro.

¡Uy!, si estamos frente los Seis árboles, a ella le gusta este sitio y a mí también, ¡vaya! el banco donde nos sentamos está ocupado por chavales, bueno, seguimos caminando hasta el final, no, no llegamos, volvemos a los Seis árboles, se sienta en otro banco, es mi hora de disfrutar, olisqueo por aquí y por allá, encuentro algo, voy a probarlo, un poco de hierba, ¡uy! Me voy a revolcar un poco. Creo que esto no le gusta, me está llamando enfadada. Si voy me va a reñir, creo que me he vuelto a ensuciar y eso significa que me pondrá debajo el grifo de la fuente otra vez, no me gusta, el agua está demasiado fría, me gusta para beber pero no para lavarme, a mí me gusta más templadita. ¡Uy!, viene hacia mí, creo que será mejor que agache las orejas y me acerque porque como me vaya corriendo, la bronca la tengo asegurada.

–Nube, mira cómo te has puesto…

Lo sabía, me ata de nuevo y a la fuente.

Me está lavando toda la cara, la verdad es que sí, estoy bastante sucia, pero es que estaba muy bueno eso que me he comido, aunque empieza a hacerme mal la tripita. ¿Qué está pasando? No noto tan fría el agua, será que hace calor. Me gusta que con su mano, me lave la cara, empiezo a ver un poco raro. Será mejor que agache las orejas y el rabo y nos vayamos a casa. Porque creo que empiezo a sentirme algo rara.

Está muy enfadada, no voy a poner resistencia, aunque noto que las piernas me empiezan a flojear, pero si me tumbo, como hago siempre, se va a enfadar aún más, yo estoy mojada pero ella también, casi más que yo.

Ya llegamos a casa, solo pienso en el sillón, me voy a tumbar, no quiero ni comer, tengo la tripita algo revuelta, o eso creo. Veo un poco raro y las patas me flojean. No sé si podré llegar.

Por fin, en casa, veo el sillón, ¡qué grande!, ¿no? Y qué alto, ¿ha crecido? No tengo fuerzas para subir hasta allí, me quedo en el suelo que está fresquito.

Nube Lengualarga

30. ¡PREMIO!

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Me gustan los fines de semana, nos levantamos más tarde y ellas pasan más rato conmigo. Cuando llueve y hace frío, no salimos mucho, me dan un paseo rápido y volvemos a casa. Luego de comer nos tumbamos en el sillón y vemos una película, bueno, la ven ellas porque yo solo levanto la vista cuando oigo algún perro.

Cuando hace buen tiempo, solemos ir a lugares nuevos.

Hoy es domingo y nos vamos a un nuevo parque. Debe de ser un sitio importante, porque me han peinado y ayer me lavaron. Nos vamos con el coche, pero no está muy lejos así que llegamos pronto.

Huelo a muchos perros, ¡qué bien! Es un parque, pero en una esquina hay muchos, pero que muchos perros, algunos con sus amos, otros llevan una camiseta con un número esos son los que buscan amos.

Nos ponemos a ver a un perro que busca entre unas cajas grandes, un niño se ha escondido en ellas, ¡qué fácil! Eso también lo sé hacer yo, ¡vaya, y le dan un premio! Nos hemos ido a una mesa, donde una chica me ha apuntado, han preguntado qué categoría: de raza, normal, más mayor o discapacitado y creo que me han apuntado a esta última. Nos han dado un número que Lu se ha puesto en su chaqueta y a mí una chuche, ¡me gusta esto!

Luego nos hemos ido a dar una vuelta, yo me iba presentando a los perritos, pero eran tantos que al final me he cansado y simplemente dejaba que me olieran. Algunas personas preguntaban por mi lengua y uno incluso, me ha hecho muchas fotos.

Después se ha oído una voz muy fuerte, era un hombre llamando a los perros y a sus amos, nosotras nos hemos acercado donde estaba y allí, cuando han dicho otra vez la palabra discapacitado y han nombrado el número que llevaba Lu, hemos salido las dos a dar una vueltecita, todos me miraban, algunos se reían, pero todos, todos aplaudían. ¡Me estoy haciendo famosa!

Luego han llamado a más perros y han hecho lo mismo, una vueltecita con sus amos. Pero creo que no les aplaudían tanto como a mí.

El hombre que grita, ha dicho que iba a dar los premios, cuando ha nombrado mi categoría discapacitado, se han puesto nerviosas; han empezado por el tercero, pero no han dicho mi número, luego el segundo y tampoco éramos nosotras y cuando han dicho el primer premio, mamá y Lu se han puesto muy contentas. ¡Era el nuestro! He subido con Lu a una tarima y allí me han dado un gran paquete, me han hecho fotos y yo para agradecerlo he levantado las patitas delanteras y todos se han reído y aplaudido.

Soy oficialmente la ganadora de la categoría perritos discapacitados y me han dado una mantita, un juguete, un hueso y una taza, bueno esto último para Lu, algo le tenían que dar a ella, que también lo ha hecho muy bien.

Nube Lengualarga

29. Un lugar llamado playa

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Por fin, ya me quitaron esa cosa amarilla, de plástico duro, que ellas llamaban pamela.

Hace un sol reluciente y empieza a hacer calorcito.

En el desayuno las he oído decir que me van a llevar a un lugar llamado playa.

Estoy impaciente por llegar allí.

Pero hay algo que no tenía previsto, nos vamos en el coche. Y no me gusta el coche, me mareo, me pone nerviosa y aunque Lu se sienta conmigo, no me gusta. Y así se lo hago saber y me paso el viaje llorando.

Al final, ha parado el coche, olía a sal, alegría y libertad. Creo que este sitio me va a gustar.

Al bajar del coche, había una tierra finísima que ellas han llamado arena. Al intentar olerla, se me ha pegado en la lengua, así que llevo toda la lengua llena de arena, la he probado, pero no me gusta. Me mojan con agua, pero no se va fácilmente, además he dejado todo el recipiente del agua lleno de arena, y ahora parece más bien arena con agua.

Pero bueno, conforme se vaya secando se irá, pero claro está en la lengua y va a ser complicado que se seque del todo.

¡Hala! Eso tan grande, azul y se mueve, ¿qué es? Voy corriendo a ver si lo pillo. ¡Es agua con espuma! ¡Está salada! Y me quiere atrapar, pero yo corro mucho y no puede. Está muy fría, si estuviese calentita me metería, pero tan fría ni lo intento que luego empiezo a temblar.

¡Hala! Pasa un perro por delante de mí, nadando, intenta coger una pelotita, pero el agua la va alejando cada vez más. Yo no sé nadar, bueno no le sé, porque nunca lo he intentado, si no estuviera el agua tan fría lo intentaría. Señor Sol, ¿podría calentarla un poquito? Aunque hay mucha que calentar y creo que le va a llevar un ratito. Me voy a jugar. Me gusta revolcarme en la arena, dicen que hago la croqueta, me estoy rebozando, ellas sabrán qué es eso. Pero están felices, casi tanto como yo. Me gusta correr por la arena, está blandita. Voy a intentar morder alguna ola, pero no puedo, no se deja. Una de ellas me ha cogido desprevenida y me he mojado, tengo que deciros que el agua está salada, no es como la de beber porque es ¡el mar!

Hemos paseado un buen rato por la orilla del mar, luego se han sentado en la arena mientras yo corría y jugaba con otra perrita, cuando me he cansado me he ido a sacudirme la arena, pero estaba demasiado cerca de ellas y las he llenado de arena, han gritado mucho, pero yo me he reído mucho también ¡Qué divertido es esto de la playa!

Tengo que confesaros que me gusta mucho este lugar llamado playa.

Nube Lengualarga

22. El amor está en el aire

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Pensaba que sería un paseo más pero no lo iba a ser. Por el camino nos íbamos encontrando a amigos, que o iban o venían de su paseo.

De repente un olor encantador embriagó mi olfato, olismeé de dónde venía ese aroma, a lo lejos divisé un perro, era alto y negro, que tiraba de su ama, como si fuera un caballo, ¿podría ser él? Conforme se iba acercando, el olor era cada vez más fuerte, hasta que finalmente se produjo el encuentro.

Sí, era él. Me gustaba mucho su olor, dejé que me oliera a mí también. Debió de gustarle lo que olía, porque seguidamente empezó a jugar conmigo, es más empezó a lamerme.

–Hola, bombón, me llamo Pity, ¿y tú?

–Yo soy Nube –los perros no nos ruborizamos, en vez de eso, nuestro cuerpo empieza a formular una sustancia que cambia nuestro aroma, haciéndolo más agradable, más irresistible. Y el mío debió de funcionar, porque Pity no dejaba de olerme y lamerme todo el cuerpo. Mi corazón iba a mil por hora, nunca antes me había pasado esto con ningún perro. Nuestras correas se liaban una y otra vez, para mareo de nuestras amas, pero no nos importaba solo queríamos estar uno junto a otro.

Empezó a morderme la orejita, yo también intentaba hacerlo pero él es mucho más alto que yo, me he fijado que tiene las puntitas de las patas blancas, ¡qué gracioso! Parece que lleva a medio poner los calcetines.

Me ha intentado comer la lengua, eso no me ha gustado mucho, pero a él le dejo, porque sé que lo hace cariñosamente y que no me hará daño. Cuando hemos oído que cada uno se marchaba a su casa, me he rendido a su cuerpo y me he tumbado boca arriba para dejárselo claro. Él ha respondido poniéndose encima de mí y he podido sentir su corazón tan agitado como el mío. Nos hemos intercambiado olores, babas, pelos, para que vayamos donde vayamos tengamos algo del otro, hasta que nos volvamos a ver. ¡Aish! Espero que sea pronto.

Al marcharse me he girado, lo he memorizado para recordarlo en mis sueños, es alto, esbelto, tiene el pelo liso, negro azabache, patas ágiles con pequeños calcetines blancos puestos.

Y su olor, su aroma es un perfume que embriaga mis sentidos.

Creo que me he enamorado y él también.

Espero verlo pronto, muy pronto.

Nube y Pity amor por siempre.

Ahora mis suspiros tienen nombre y ese es ¡Pity!

17. Nube 3.0

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Cuando paseábamos ellas me tiraban palitos, al principio se iban turnando luego, mamá descansaba y Lu seguía, había veces que hacíamos campeonatos, yo era la juez, Lu lanzaba y llegaba hasta tres árboles, luego mamá, dos, otras Lu lanzaba alto y se quedaba encalado en el árbol, otras mamá lanzaba y se iba de lado; era muy divertido ,yo siempre corría hasta donde lo habían lanzado y si la otra ya estaba preparada para lanzar de nuevo, no me molestaba en correr esperaba a que fuera lanzado y corría de nuevo hasta el siguiente.

Un día, Lu se había marchado, los paseos los daba con mamá y aunque me lanzaba los palitos, llegaba un momento que se cansaba y yo jugaba con ella, cogía el que sabía que era el último, entonces era ella quien corría tras de mí para cogerlo, yo me escabullía, le dejaba creer que me tenía cuando con un giro rápido me escapaba, ella reía y me decía que era una pilla. Pero una noche me sorprendió, salimos a pasear como siempre, esperaba palitos y de repente, la mágica pelotita apareció en el suelo, yo ladraba preguntándole cómo lo había hecho, corría tras ella, ¡qué divertido! La pelotita mágica de nuevo, además aquí no había obstáculos, podía correr libremente muy, muy lejos. La gente pasaba y se reían, no sé si de mí, de mamá o de la pelotita mágica, pero eso poco nos importaba, y ¡lo bien que lo estábamos pasando! mamá sin mover un dedo, bueno si, con el tiempo he descubierto que eso negro que llevaba Lu en su mano, cuando mueve el dedo, aparece la pelotita mágica y cuando se lo guarda en el bolsillo desaparece, así que algo sí que tiene que ver con su dedo.

Ahora cuando salimos a pasear si es de día, la pelotita no aparece, pues como es mágica sólo aparece cuando está oscuro, y no hay luz en el cielo. Con los paseos de día, volvemos a jugar con los palitos y por la noche la pelotita mágica aparece de nuevo.

Así que por si a estas alturas de mis aventuras no os habéis dado cuenta de que soy una perrita única, especial, ni tan siquiera juego como los demás perros, soy una perrita de nueva generación porque juego con la magia que sale del láser, esa es mi verdadera pelotita mágica, por eso soy Nube 3.0.

Nube Lengualarga

14. El misterio de “RONCADO” el oso

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He estado unos días con pocas ganas de jugar, la verdad es que no me apetecía ni tan siquiera salir a pasear, prefería quedarme en casa acurrucada en el almohadón. Ellas estaban preocupadas por mí, se lo veía en sus caras porque si os fijáis cuando los humanos se preocupan se les pone una arruguita en la frente y tanto a Lu como a mamá, se les ponía cuando se acercaban a acariciarme, además también me han dado muchos mimos, e incluso cuando se subían al sillón me cogían y me sentaban con ellas. Yo me acurrucaba entre sus brazos y se estaba muy bien, me daban calorcito.

Ya he descubierto el misterio del oso, os lo contaré.

Después de comer, mamá siempre se sienta en el sillón para ver la tele, pero la ve poco porque se queda dormida, cuando esto pasa, empieza a salir el sonido del oso, de su boca, ella duerme, pero ese sonido sale de dentro de ella, estaba muy intrigada, la observaba para ver si salía el oso. Pero no salía. Cuando despertaba le preguntaba a Lu: ¿He roncado? A lo que Lu, respondía siempre lo mismo: .

¿Roncado? ¿Se llamaría así el oso que está dentro de mamá?

Como todo ello me intrigaba, cuando vi a Rec, que sabe muchas cosas, le pregunté:

–Rec, ¿conoces a Roncado el oso que hay dentro de los humanos cuando duermen?

Rec, no entendía nada de lo que le decía, él no había conocido a ningún oso, así que intenté explicarme mejor.

Y de repente, empezó a reírse de mí.

–Nube, pero qué dices de osos dentro de los humanos, no hay ningún oso dentro de ellos, lo que hacen es roncar, no todos algunos y tampoco siempre, mi amo también ronca cuando se duerme en el sillón. Me estoy acordando de una historia que todavía no te he contado, ¿quieres que te la cuente?

Pero mamá me llamó y tuvimos que dejar la historia para otro día.

Os la contaré, os lo prometo por la patita de una perrita.