22. El amor está en el aire

Deja un comentario Estándar

Pensaba que sería un paseo más pero no lo iba a ser. Por el camino nos íbamos encontrando a amigos, que o iban o venían de su paseo.

De repente un olor encantador embriagó mi olfato, olismeé de dónde venía ese aroma, a lo lejos divisé un perro, era alto y negro, que tiraba de su ama, como si fuera un caballo, ¿podría ser él? Conforme se iba acercando, el olor era cada vez más fuerte, hasta que finalmente se produjo el encuentro.

Sí, era él. Me gustaba mucho su olor, dejé que me oliera a mí también. Debió de gustarle lo que olía, porque seguidamente empezó a jugar conmigo, es más empezó a lamerme.

–Hola, bombón, me llamo Pity, ¿y tú?

–Yo soy Nube –los perros no nos ruborizamos, en vez de eso, nuestro cuerpo empieza a formular una sustancia que cambia nuestro aroma, haciéndolo más agradable, más irresistible. Y el mío debió de funcionar, porque Pity no dejaba de olerme y lamerme todo el cuerpo. Mi corazón iba a mil por hora, nunca antes me había pasado esto con ningún perro. Nuestras correas se liaban una y otra vez, para mareo de nuestras amas, pero no nos importaba solo queríamos estar uno junto a otro.

Empezó a morderme la orejita, yo también intentaba hacerlo pero él es mucho más alto que yo, me he fijado que tiene las puntitas de las patas blancas, ¡qué gracioso! Parece que lleva a medio poner los calcetines.

Me ha intentado comer la lengua, eso no me ha gustado mucho, pero a él le dejo, porque sé que lo hace cariñosamente y que no me hará daño. Cuando hemos oído que cada uno se marchaba a su casa, me he rendido a su cuerpo y me he tumbado boca arriba para dejárselo claro. Él ha respondido poniéndose encima de mí y he podido sentir su corazón tan agitado como el mío. Nos hemos intercambiado olores, babas, pelos, para que vayamos donde vayamos tengamos algo del otro, hasta que nos volvamos a ver. ¡Aish! Espero que sea pronto.

Al marcharse me he girado, lo he memorizado para recordarlo en mis sueños, es alto, esbelto, tiene el pelo liso, negro azabache, patas ágiles con pequeños calcetines blancos puestos.

Y su olor, su aroma es un perfume que embriaga mis sentidos.

Creo que me he enamorado y él también.

Espero verlo pronto, muy pronto.

Nube y Pity amor por siempre.

Ahora mis suspiros tienen nombre y ese es ¡Pity!

17. Nube 3.0

Deja un comentario Estándar

Cuando paseábamos ellas me tiraban palitos, al principio se iban turnando luego, mamá descansaba y Lu seguía, había veces que hacíamos campeonatos, yo era la juez, Lu lanzaba y llegaba hasta tres árboles, luego mamá, dos, otras Lu lanzaba alto y se quedaba encalado en el árbol, otras mamá lanzaba y se iba de lado; era muy divertido ,yo siempre corría hasta donde lo habían lanzado y si la otra ya estaba preparada para lanzar de nuevo, no me molestaba en correr esperaba a que fuera lanzado y corría de nuevo hasta el siguiente.

Un día, Lu se había marchado, los paseos los daba con mamá y aunque me lanzaba los palitos, llegaba un momento que se cansaba y yo jugaba con ella, cogía el que sabía que era el último, entonces era ella quien corría tras de mí para cogerlo, yo me escabullía, le dejaba creer que me tenía cuando con un giro rápido me escapaba, ella reía y me decía que era una pilla. Pero una noche me sorprendió, salimos a pasear como siempre, esperaba palitos y de repente, la mágica pelotita apareció en el suelo, yo ladraba preguntándole cómo lo había hecho, corría tras ella, ¡qué divertido! La pelotita mágica de nuevo, además aquí no había obstáculos, podía correr libremente muy, muy lejos. La gente pasaba y se reían, no sé si de mí, de mamá o de la pelotita mágica, pero eso poco nos importaba, y ¡lo bien que lo estábamos pasando! mamá sin mover un dedo, bueno si, con el tiempo he descubierto que eso negro que llevaba Lu en su mano, cuando mueve el dedo, aparece la pelotita mágica y cuando se lo guarda en el bolsillo desaparece, así que algo sí que tiene que ver con su dedo.

Ahora cuando salimos a pasear si es de día, la pelotita no aparece, pues como es mágica sólo aparece cuando está oscuro, y no hay luz en el cielo. Con los paseos de día, volvemos a jugar con los palitos y por la noche la pelotita mágica aparece de nuevo.

Así que por si a estas alturas de mis aventuras no os habéis dado cuenta de que soy una perrita única, especial, ni tan siquiera juego como los demás perros, soy una perrita de nueva generación porque juego con la magia que sale del láser, esa es mi verdadera pelotita mágica, por eso soy Nube 3.0.

Nube Lengualarga

14. El misterio de “RONCADO” el oso

Deja un comentario Estándar

He estado unos días con pocas ganas de jugar, la verdad es que no me apetecía ni tan siquiera salir a pasear, prefería quedarme en casa acurrucada en el almohadón. Ellas estaban preocupadas por mí, se lo veía en sus caras porque si os fijáis cuando los humanos se preocupan se les pone una arruguita en la frente y tanto a Lu como a mamá, se les ponía cuando se acercaban a acariciarme, además también me han dado muchos mimos, e incluso cuando se subían al sillón me cogían y me sentaban con ellas. Yo me acurrucaba entre sus brazos y se estaba muy bien, me daban calorcito.

Ya he descubierto el misterio del oso, os lo contaré.

Después de comer, mamá siempre se sienta en el sillón para ver la tele, pero la ve poco porque se queda dormida, cuando esto pasa, empieza a salir el sonido del oso, de su boca, ella duerme, pero ese sonido sale de dentro de ella, estaba muy intrigada, la observaba para ver si salía el oso. Pero no salía. Cuando despertaba le preguntaba a Lu: ¿He roncado? A lo que Lu, respondía siempre lo mismo: .

¿Roncado? ¿Se llamaría así el oso que está dentro de mamá?

Como todo ello me intrigaba, cuando vi a Rec, que sabe muchas cosas, le pregunté:

–Rec, ¿conoces a Roncado el oso que hay dentro de los humanos cuando duermen?

Rec, no entendía nada de lo que le decía, él no había conocido a ningún oso, así que intenté explicarme mejor.

Y de repente, empezó a reírse de mí.

–Nube, pero qué dices de osos dentro de los humanos, no hay ningún oso dentro de ellos, lo que hacen es roncar, no todos algunos y tampoco siempre, mi amo también ronca cuando se duerme en el sillón. Me estoy acordando de una historia que todavía no te he contado, ¿quieres que te la cuente?

Pero mamá me llamó y tuvimos que dejar la historia para otro día.

Os la contaré, os lo prometo por la patita de una perrita.

11. Las redes sociales de los perros.

Deja un comentario Estándar

Los perros también tenemos nuestras propias redes sociales, aunque es evidente que son muy distintas a las vuestras. Para empezar se llaman HP: huellas de perros o HC: huellas de cachorros.

En todo buen paseo que se precie, siempre elegimos una zona, un sitio donde todos dejamos nuestra huella, así los perros que pasen después saben que ya hemos paseado, además por nuestro sentido del olfato podemos detectar lo que cada uno ha comido, si estaba contento o triste, si estaba malo e incluso si tiene parásitos.

Cuando paseábamos la primera zona era un triángulo de césped para los cachorros o como le llamamos la HC, ahí sabíamos si había nuevos olores, la raza que era y qué tal estaba.

Luego cruzábamos la carretera, el siguiente triángulo de césped era el de los perros adultos o la HP. Aunque en este todavía no podía dejar mi huella, sí que podía entrar en él y oler los perros que habían pasado por delante de mí, así sabía si Ojitos saltones ya había paseado o si Kika había estado jugando con las piedras.

También tenemos nuestro sistema de correo, cuando un perro quiere dejar un mensaje para los demás, mea en una rueda. Tengo que decir que este sistema lo utilizan mayoritariamente los perros cuando buscan novia. Si alguna le resulta interesante responde meando cerca de la rueda, para que cuando pase sepa que está disponible. Es otra forma de comunicarnos.

Aunque la mayoría de los amigos que he conocido no son de raza pura, también conozco a algunos que sí lo son , ellos dicen que son de raza como si eso fuera algo extraordinario, aunque yo los veo a todos muy parecidos; sin embargo los que somos mestizos porque no somos de raza sí que somos únicos, pues la mezcla de tantas razas hace que cada una de ellas nos deje alguna peculiaridad, rareza o singularidad, además yo no les veo nada especial pues mean y cagan como nosotros, van con correa y también siguen a su amo. Debe de ser porque los tratan como trataban a Mimí, porque siempre llevan abrigos o suéter, aunque huelen a perro mezclado con otros olores.

He conocido a un trío presumen de ser de raza pura, son tres chihuahuas y se llaman: Duque, Princesa y Barón. Sus nombres son más grandes que ellos. Se las dan de finos y no les gusta acercarse a los demás, pero yo los veo con las mismas ganas de jugar que todos nosotros. Así que si ellos lo dicen, serán de raza pura, aunque yo no entienda muy bien de qué va eso.

¡Ah! Y también dejan sus huellas en nuestras redes sociales.

Aquí escribiendo mi blog
Nube Lengualarga

10. Mis nuevos amigos

Deja un comentario Estándar

Me gustaba pasear con Lu, todo era nuevo para mí. El barrio donde vivíamos se llamaba: La Colonia. Pero no sé por qué, pues nunca olía a perfume.

Poco a poco fui conociendo a los vecinos del barrio y también a sus dueños. Algunos se presentaban otros simplemente me olían y se marchaban.

Vino una perrita corriendo, nos olimos y me dijo:

–Hola, ¿eres nueva por aquí?

–Sí, me llamo Nube

–Yo soy Nieve, pero no me gusta, mis amigos me llaman Ojitos saltones así que si quieres me puedes llamar así. Me marcho que se van sin mí. Encantada de conocerte.

Se fue corriendo, antes de que sus amos la dejaran atrás. ¡Qué graciosa, Ojitos saltones!

Luego conocí a otros tres, no tenían cara de muy buenos amigos, iban juntos, uno negro, otro blanco y otro a manchas negras y blancas, decidí esperarlos para ver qué se contaban, pero los tres se acercaron me olieron y cuando fui a olerlos, se marcharon. Aunque el manchado se volvió y se presentó:

–¡Hola, soy Junior! Aquel es mi padre: Pitbull y mi madre: Yei Lou. Son un poco gruñones, pero es porque son mayores.

–Yo soy Nube.

Oímos un gruñido, era su padre llamándolo para que no se entretuviera. Bueno, ya conocía a tres más.

Lu me tiraba un palo y voy iba corriendo a cogerlo, ¡vale ya lo tenía!, ¿y  qué tenía qué hacer? No entendía nada ¡vale, pues me lo quedaba! ¡Uy, y me tiraba otro! Si no me cabía en la boca, ¿era porque no le gustaba el primer palo? No, entendía qué le pasaba, porqué tiraba palos y para qué. Además, siempre había problemas con los palos. De repente, aparecía alguien y se llevaba el palo, a mí me daba igual, Lu siempre encontraba más palos, pero algunos no lo llevaban bien como cuando de repente:

–¡Eih! ¡Qué ese palo es mío!

–¿Tú quién eres?

-Me llamo Nube, ¿y tú?

–Soy Kika, me gustan más las piedras, pero como todavía no he llegado a la zona donde están, te cojo el palo, ¿me lo prestas?

–¡Si ya me lo has cogido! pero bueno no pasa nada, Lu encontrará otro. Hasta luego, que me está llamando.

Sigo sin entender el juego de los palitos, ellos nos lo tiran para que vayamos a por ellos y luego se los damos y nos lo vuelven a tirar ¿Entonces? ¿Para qué los tiran?

No hay quien entienda a los humanos.

9. Una gran gourmet

Deja un comentario Estándar

Los ruidos me despertaron, la luz asomaba por la puerta donde ellas estaban durmiendo, se oían voces, ya estaban despiertas. La puerta se abrió y apareció Lu: ¡Hola, Nube!¡Buenos días! Me empezó a acariciar, eso me gustaba: vaya, te lo has pasado bien esta noche, ya veremos que dice mamá cuando lo vea.

No tardó en abrirse de nuevo la puerta y esta vez salió May, al ver el periódico roto y el regalo que había salido de mi cuerpo, empezó a gritar, solo le entendía: ¡Nubeee! Me acurruqué en el regazo de Lu, sabía que iba a tener problemas.

Bueno, no fue para tanto, todo estaba limpio, cuando Lu y yo subimos de la calle.

Luego se marcharon y me quedé sola en casa. Habían dejado la puerta de sus habitaciones abiertas, aunque también habían puesto un tablero y no podía pasar. Me acordé de los extraños ruidos de la noche anterior y que eran exactamente igual que cuando mamá imitaba al oso del cuento, pero yo no olía a oso, bueno tampoco sabía exactamente cómo debían oler,  debía de haberse escondido, porque oír, lo oí. Intentaba una y otra vez saltar el tablero pero no podía, ¡todavía! Salí al balcón, había una planta, la tierra estaba buena. Las hojas no me gustaban tanto.  Descubrí la ropa que está colgada. Me di impulso y enganché algo ¡Uy! ¡Era un calcetín! Está blandito y olía a flores, ¡qué raro! Así fue como descubrí que me gustaban, además de la tierra y el papel. ¡Eso solo era el principio!

 Intentaba subir al sillón a la de una, dos y tres, pero no llegaba: ¡todavía! La mesa, tenía una esquina muy apetitosa,  la madera ¡Ah, y las paredes!, las rascaba con la pata y salía un polvo blanco que estaba rico, rico.

Cuando volvieron Lu, me daba mis mimos y yo le correspondía con un pequeño o gran pipi, que quería decir que me alegraba mucho de verlas. Pero May, solo gritaba: ¡Nubeeeee! Era normal, no le gustaba que mordiera la mesa, ni que jugara con el calcetín, ni que rascara la pared, ni que comiera papel y tierra.

Pero yo, busqué el regazo de Lu y volví a poner mi carita de perrita buena y conseguí sacar una sonrisa a May.

Con ello había descubierto dos cosas: cómo ganarme a May y que era una gran gourmet.  O al menos así me llamaron.

8. Mi primera noche. Llorar y llorar.

7 comentarios Estándar

Recuerdo que mi primera noche la casa estaba oscura y solo se oía un ruido que salía de detrás de la puerta, donde ellas dormían, lo sabía porque las olía y también oía su respiración, aunque a veces oía un extraño ruido. Mamá nos contó una vez un cuento sobre un oso y cuando lo imitaba hacía un ruido similar, ¿tendrían un oso allí dentro durmiendo con ellas? No lo sabía, me intrigaba, a la mañana siguiente cuando abrieran la puerta entraría a investigar, pero no husmeaba a nada extraño. En esa especie de cama que me habían hecho se estaba bien, pero todavía no tenía sueño así que me puse a explorar por la casa. La parte que más me gustaba era la que olía a comida, allí habían dejado un cuenco con arroz, pero a mí no me gustaba el arroz, así que se lo dejé para que se lo comieran ellas. Tenía mucha hambre, pero no encontraba nada para comer, bueno sí, en el suelo habían dejado papel, que sí que me gustaba, así que comí un trozo. ¡Uy! Todavía tenía el estómago un poco revuelto, así que se me volvió a escapar ¡Uff, olía fatal! Debía de ser por todas las golosinas que los niños me dieron.

Como no encontré nada más digno de comer y estaba muy cansada, me tumbé en el suelo y me dormí. Recuerdo que soñé con los amigos de la perrera, con mis hermanas y con mamá. ¡La echaba tanto de menos! Pero qué podía hacer, lo único que se me ocurrió: llorar. Y lloré y lloré toda la noche.

Nube Lengualarga