32. Noche de fiesta

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Llega Lu, pero no tengo fuerzas para ir a saludarla, menearé el rabo. Viene a decirme algo, pero no la entiendo, creo que mamá ya le ha dicho que me he portado mal, pero no entiendo muy bien lo que dice, solo mi nombre: Nuuuuubeeeeee. Mi nombre suena largo, ahora mismo es como si estuviera flotando, como si en vez de una perrita fuera una nube en el cielo.

Se enciende la luz de la cocina, hora de preparar la cena, iría pero no tengo ganas, me quedo aquí flotando. La mesa para cenar está preparada, pero no puedo levantarme me pesa mucho el cuerpo, además no tengo hambre. Acaban de cenar, mamá cree que me estoy portando tan bien porque está enfadada conmigo, pero no es eso, es que no puedo mover ni el rabo, que me pesa también, voy a intentar, ¡qué va, no puedo! Es como si en vez de rabo, me hubieran puesto una piedra. Intento levantar la cabeza, pero no puedo, ¡socorro! Solo consigo sacar de mi cuerpo dos grandes lamentos, luego me rindo, ¿se ha ido la luz?

A no, ¿qué ha pasado? Estoy en brazos de Lu, algo ha pasado pues la cara de mamá es de preocupación, ¿está llorando? Y Lu también, me siento húmeda, creo que se me ha escapado el pipí, pero no pasa nada porque no me han reñido, ahora es mamá la que me coge, me pone en el sillón y me acaricia. Creo que he oído algo de Eduardo.

¡Eduardo! Sí, debo de estar malita.

Intento ponerme en pie, han dicho la palabra mágica: ¡Vamos!, pero no consigo dar más que unos pocos pasos. Mis patas tiemblan, y el pasillo se estrecha y se agranda, me vuelve a coger en brazos Lu, menos mal. Llegamos al ascensor, me deja en el suelo pero mi cuerpo no aguanta y me vuelvo a caer.

Nos vamos en coche, menos mal porque no creo que sea capaz de llegar a ninguna parte.

Ya hemos parado, los olores me son familiares, bajo del coche y sí, estamos donde Eduardo y Dani. Por favor, que me den algo y mis patas vuelvan a sujetarme, aunque esto es divertido, me llevan en brazos y veo lucecitas.

Estamos sentadas en un banco, se está fresquito pero es de noche, ¿vamos a pasear?

Creo que no, porque me cogen en brazos, la cabeza me pesa y todo parece dar vueltas ¡qué divertido! ¡Anda! Si es Eduardo, no, no quiero quedarme aquí, me voy, pero no puedo estas patitas que no me obedecen y pesan mucho. ¡Hola, Eduardo! Perdona, pero hoy solo te puedo saludar moviendo el rabo.

Dice que es buena señal que mueva el rabo, ¡mira, mira! Como lo muevo, estoy echada en la mesa, no puedo moverme, es como si me hubiera quedado pegada, lo único que puedo mover es el rabo, y lo muevo. ¡Que apague esa luz, por favor! ¿Por qué me mirará los ojos con esa linterna? No le basta la luz, cómo molesta. Menos mal que están Lu y mamá, que me acarician, ahora un pinchacito en mi pata, parecía un mosquito, pero no, no debe de ser porque noto algo raro.

Están hablando, se ríen, yo también lo haría pero me pesa más de lo normal la lengua, tengo sed. Por el tono de sus voces, creo que no estoy tan mal, quiero decirles que estoy bien, veo las cosas un poco raras, sus caras se alargan y solo les entiendo mi nombre: ¡Nuuuubeeee! ¡Aish! Vuelvo a suspirar. Me vuelven a poner de pie, pero no puedo, creo que mi cuerpo se ha transformado en un dóberman, pues las patas también las veo más largas, y mi cuerpo pesa mucho tanto, que no puedo sujetarme en pie. Volvemos al coche, debo de haberme portado bien, pues Eduardo me ha dado una chuche, ¡qué majo es!

Ahora, me encuentro un poquito mejor, con el agua dulce que me ha dado y la chuche, creo que podré llegar a casa. Ya estoy en el ascensor. Sí, dejadme que yo puedo sola, una, dos y tres, no puedo y acabo cayéndome al suelo, ¡qué divertido! Desde aquí las veo gigantes. ¿Han crecido ellas también?

¡Por fin, estamos de nuevo en casa! ¡Qué cansada estoy! Me voy a dormir un ratito. ¡Ey! ¿Qué pasa, no me dejáis en el sillón? Ah, pues no. ¡No me lo puedo creer! ¡Estoy en el cielo!

Blandito, huele bien, Lu está a mi lado, ¿se va a quedar a dormir conmigo? pero esta es la cama grande, la de mamá y ella me está dando mimos. Estoy soñando o estoy en el cielo. Las luces se han apagado, pero oigo a lo lejos los latidos de un corazón y huele a Lu, me está tocando la patita, voy a dormir.

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