15. Lo prometido es deuda

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En el siguiente paseo volví a coincidir con Rec, le recordé que me debía una historia, así que levanté bien las orejas dispuesta a oírla de principio a fin.

Resulta que cuando decidió irse a vivir con el anciano, este no sabía cómo llamarlo, quería un nombre que no le recordara a sus anteriores perros, esa misma noche estando los dos acurrucados en el sofá, se dio cuenta de que tenía un juguete nuevo, negro, alargado y lleno de botones, así que cuando su compañero se durmió y empezó a roncar, cogió el juguete negro lleno de botones. Era la primera vez que Rec veía algo como eso, así que lo cogió y empezó a mordisquearlo para ver si podía sacar algo de allí, pero aquel juguete no hacía nada, era insípido y sin nada que se pudiera comer, así que lo dejó, cuando el anciano despertó del sofá para irse a dormir a la cama, se dio cuenta de que estaba grabándose el programa, ¿cómo podía ser eso si él no lo había programado?, miró a Rec y este intentando ocultar que había sido él, agachó las orejas y puso carita de perro bueno, pero no le funcionó, el anciano sabía que no había nadie más en la casa, así que si él no había sido, tenía que ser Rec. Intentó con el juguete negro lleno de botones, que resultó ser el mando de la televisión, parar la grabación, pero no daba con el botón que lo hiciera, le dio a unos cuantos, pero al final uno con un punto rojo que ponía Rec paró la grabación, el anciano se echó a reír, Rec esperaba una reprimenda pero no, en vez de eso vinieron caricias.

–Así que como me había quedado dormido, querías que no me perdiera el programa, ¡eh! Gracias, amigo, mañana lo veremos juntos. Mira por donde, ya sé para qué sirve esa tecla rec y para que no se me olvide, ¿qué te parece si te llamo Rec?

Rec nunca había tenido un nombre, así que le hacía mucha ilusión tener uno y para hacérselo saber lo confirmó moviendo el rabo, como hacemos los perros cuando algo nos gusta.

Y así fue, como Rec encontró su nombre.