15. Lo prometido es deuda

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En el siguiente paseo volví a coincidir con Rec, le recordé que me debía una historia, así que levanté bien las orejas dispuesta a oírla de principio a fin.

Resulta que cuando decidió irse a vivir con el anciano, este no sabía cómo llamarlo, quería un nombre que no le recordara a sus anteriores perros, esa misma noche estando los dos acurrucados en el sofá, se dio cuenta de que tenía un juguete nuevo, negro, alargado y lleno de botones, así que cuando su compañero se durmió y empezó a roncar, cogió el juguete negro lleno de botones. Era la primera vez que Rec veía algo como eso, así que lo cogió y empezó a mordisquearlo para ver si podía sacar algo de allí, pero aquel juguete no hacía nada, era insípido y sin nada que se pudiera comer, así que lo dejó, cuando el anciano despertó del sofá para irse a dormir a la cama, se dio cuenta de que estaba grabándose el programa, ¿cómo podía ser eso si él no lo había programado?, miró a Rec y este intentando ocultar que había sido él, agachó las orejas y puso carita de perro bueno, pero no le funcionó, el anciano sabía que no había nadie más en la casa, así que si él no había sido, tenía que ser Rec. Intentó con el juguete negro lleno de botones, que resultó ser el mando de la televisión, parar la grabación, pero no daba con el botón que lo hiciera, le dio a unos cuantos, pero al final uno con un punto rojo que ponía Rec paró la grabación, el anciano se echó a reír, Rec esperaba una reprimenda pero no, en vez de eso vinieron caricias.

–Así que como me había quedado dormido, querías que no me perdiera el programa, ¡eh! Gracias, amigo, mañana lo veremos juntos. Mira por donde, ya sé para qué sirve esa tecla rec y para que no se me olvide, ¿qué te parece si te llamo Rec?

Rec nunca había tenido un nombre, así que le hacía mucha ilusión tener uno y para hacérselo saber lo confirmó moviendo el rabo, como hacemos los perros cuando algo nos gusta.

Y así fue, como Rec encontró su nombre.

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12. La historia de Rec

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Como todas las mañanas, después de que Lucía se marche al instituto, salimos a pasear mamá y yo, solemos coincidir con algún amigo y nos saludábamos oliéndonos, algunos como yo de buena mañana, ya tenemos ganas de jugar, pero hasta que no llegamos a la zona donde nos sueltan, no podemos hacerlo.

Hoy nos hemos encontrado a uno nuevo, es mayor que yo y huele raro, pero se ha acercado a mí y se ha presentado:

–¡Hola perrita!

–¡¡Uy… !! ¡Hola!, tú debes ser nuevo por aquí, no recuerdo haberte olido antes.

–No te equivocas, preciosa, he estado vagando por muchos sitios, pero me he decidido a quedarme por un tiempo…

–Rec, ven aquí. –Gritaba su amo.

–¿Es tu amo?

–Bueno a él le gusta pensar eso, pero yo nunca he tenido amo, ni lo tendré, yo le obedezco porque sé que eso le hace feliz. Desde aquel día en el parque, me dio tanta pena…

Otra historia, ¡qué bien!, pensé. No pude resistirme a seguir preguntándole:

–¿Qué pasó?

–Estaba olisqueando un trozo de papel, quedaban restos de bocadillo y ya sabes, antes de echártelos a la boca, hay que oler, no vaya a ser que luego tu estómago no lo acepte y pases un mal rato. Bueno, el caso es que allí estaba él, sentado en un banco, me debió de ver algo desesperado y hambriento, así que me trajo un trozo de pan, como verás, a ese suculento manjar, nadie le dice que no y menos cuando no sabes cuándo volverás a pillar otro. Preciosa, ese es uno de los precios de ser libre, no tienes el pienso asegurado.

Me molestaba que me llamara Preciosa, así que le recordé:

–Nube, me llamo Nube.

Aunque él no me hizo mucho caso y siguió contándome:

–El caso es que me acarició, hacía mucho tiempo que no notaba el calor de la piel del humano en mi pelaje, y me gustó, miré su cara, su rostro reflejaba tristeza y de sus ojos azules salían lágrimas que intentaba reprimir pero no lo conseguía, me dio mucha pena. Me cogió tiernamente de la cabeza y me miró a los ojos y me dijo que le recordaba a su perro, que apenas unas semanas antes había tenido que sacrificarlo, porque el pobre sufría unos dolores tremendos. Como te digo, me dio mucha pena aquel anciano, le vi que tenía un corazón muy grande y se encontraba tan solo por la pérdida de su compañero, que decidí no huir y me quedé con él. Pero no te creas, que a veces me cuesta quedarme a su lado, me lava cuando me mancho, me quiere llevar atado con un cinturón alrededor de mi cuello, ¡¡uff!! Son cosas que no las aguanto y me entran ganas de escapar, pero por otro lado me deja acurrucarme a su lado en el sillón por las noches, y me da parte de su comida, él vive solo y habla conmigo porque no tiene con quién hablar, por las mañanas dice que soy lo único que le anima a levantarse, que si no fuera por mí, estaría todo el día en la cama. Me he convertido en su única razón para vivir, a su manera, a veces me grita mucho, sé que me quiere y yo también, a mi manera, también le quiero, aunque a veces no le haga mucho caso, pero formamos una buena pareja, el anciano y el vagabundo.

Ambos nos echamos a reír, -sí, los perros también nos reímos al igual que lloramos-, por la ocurrencia de Rec.

–¡Rec! Ven aquí. –Gritaba su amo.

–Creo que se está enfadando –dije.

–¡Bah!, no te preocupes, siempre parece que esté enfadado, pero no es así, es su forma de demostrar que él es el amo, pero para mí es un compañero.

Y haciéndome un guiño, se marchó corriendo hacia su amo, bueno su compañero. No sin antes, decirme.

–Nos vemos otro día, preciosa…

–Nube, me llamo Nube –ladré

–Vale, vale, Nube, me ha gustado conocerte, hueles muy bien.

–Gracias, tú también hueles….–uff, no sabía qué decirle–diferente.

Volvimos a reír los dos.

Rec, creo que éste es el comienzo de una perruna amistad.

#historiasdeanimales