28. ¿Disfrazada?¡¡Disfrazada!!

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Necesito salir a pasear, pero todavía me encuentro algo floja. Además llevo esta cosa amarilla alrededor del cuello, que me molesta.

Mamá me llama desde la entrada, ha cogido el collar y la correa, me lo pienso. Bueno, vale, voy.

¿No me piensa quitar esto amarillo? Pues parece que no. Me voy con esto puesto alrededor del cuello, espero que no me vea Pity.

No me aclaro para caminar, pero lo peor no es eso, lo peor es que no me deja oler, no puedo oler quién ha pasado ya. Encima los pocos que me he encontrado, todos venían a oler este plástico, algunos intentaban morderlo para quitármelo, pero lo tengo muy bien cogido y no pueden. Otros me ladran, todos me preguntan lo mismo, ¿qué llevo puesto?

Cuando íbamos por mitad camino, una niña le ha preguntado a su abuela de qué iba disfrazada. Ellas me dicen que estoy muy bonita con esta especie de pamela al revés, pero a mí no me gusta nada y para colmo no me deja rascarme a gusto en la tripita que me pica y me estira.

Espero no tener que llevar mucho tiempo esto, porque esta pamela es muy, pero que muy molesta.

Nube Lengualarga

27. Los molestos paseos

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Lu se va al instituto, pero no puedo moverme, me duele algo que me han puesto en la barriguita, no puedo verlo, porque esto grande y pesado que rodea mi cuello me impide verlo.

Lu me acaricia, yo solo puedo responderle moviendo mi rabo. Hoy no voy a poder ir a decirle adiós. Ya no tengo frío, pero tengo mucho sueño. Una última caricia y oigo la puerta.

Mamá viene a verme, me acaricia y se sienta a mi lado, me da calorcito, siento su preocupación, pero ahora solo quiero dormir.

Ha pasado la mañana y no me he enterado, tenía mucho sueño, oigo la puerta de nuevo, es Lu que regresa del instituto. Hoy no tengo muchas ganas de jugar, así que intento levantarme para beber agua y comer un poco pero voy chocando con las paredes, esto que me han puesto en el cuello no me gusta, no veo bien y encima tengo que alargar la lengua para comer, menos mal que la tengo larga.

Quieren sacarme a pasear, pero yo solo quiero volver al sillón, me duele la barriga, aunque no es la barriga, ya que como y no me duele, está un poco más abajo, pero no lo puedo ver, porque tengo este plástico amarillo que me rodea el cuello y no me deja casi mover mi cabeza.

Menos mal que el paseo ha sido corto, lo suficiente para hacer mis necesidades. De vuelta al sillón. Ellas se marchan sin mí, pero no me importa solo quiero dormir, quizás cuando despierte ya no me duela.

Tengo pesadillas, estoy sola en una sala, tumbada en una mesa muy alta y fría, lloro pero nadie me oye, quiero que vengan mamá y Lu pero ellas no están. Oigo la puerta, menos mal, era solo una pesadilla. Ya están de vuelta. Me vuelven a acariciar, me dicen cosas bonitas para animarme, pero yo solo puedo suspirar y dormir.

Estoy calentita en el sillón y ellas están cerca, las pesadillas no volverán a aparecer.

Nube Lengualarga

26. La flojera

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Pensaba que íbamos de paseo, aunque era extraño, no era el recorrido que hacíamos habitualmente. Este camino solo nos puede llevar a dos sitios, uno a dar un nuevo paseo, el otro para ir a ver a Eduardo, me temo que sea lo segundo. Yo sigo recto, para ver si cuela, por favor, por favor que sea el paseo.

¡Uy! Tirón en el cuello, quieren que gire. Me lo temía, vamos a ver a Eduardo. Bueno no me cae mal del todo, la verdad es que me acaricia y me trata con delicadeza, pero luego me pincha o me pone el molesto termómetro, aunque después me dan mimitos extras y alguna chuche cae de regalo. Hace tiempo que no he ido a verlo, bueno vale… no me importa, a ver qué pasa hoy.

–¡Hola Eduardo!, –muevo el rabo con alegría, primera caricia, no aguanto te dejo el regalito, es que tus caricias me dan tanto gustito que me meo encima, lo siento no puedo evitarlo.

Vaya no vamos a la sala de siempre, donde está la mesa alta a la que, por mucho que lo intento, no consigo subir yo sola. Hoy me lleva a otra, pero espera, ellas no vienen. ¡Uy! Algo pasa… huelo la tristeza, me dicen hasta luego. ¿Me voy a quedar aquí?, bueno no debe de ser tan malo, ¡anda si hay otros amigos!

–Hola, soy Nube, tenéis ganas de jugar –algo les pasa están bastante tranquilos y ni se inmutan por mi olor.

¡Uy! Ahí viene Eduardo con Dani, el otro veterinario, me cogen en brazos me suben a la mesa alta, me ponen algo, bueno no tiene que pasar nada, están los dos conmigo. Me empiezan a pesar los ojos, la patas flojean, creo que voy a dormir un ratito… Hasta luego.

Dani me llama, pero no puedo abrir los ojos, huelo a mis amas, están aquí creo que me tengo que marchar, pero a penas mis piernas tienen fuerza, venga voy a intentarlo. ¡Uy!, ¿qué es esto que tengo rodeando mi cuello?, ¡cómo pesa!, pero bueno, no puedo desconcentrarme, ellas me están esperando y quiero marcharme a casa.

–Nube, ¡ay, mi niña!, ¡pero qué bonita eres!

Cómo me cuesta llegar y encima esto que llevo en el cuello que pesa lo suyo, además no puedo ver bien, me pego con las cosas, ¡qué molesto! Cuando tenga fuerzas me lo quito.

Dani me dice adiós, pero no puedo ni menear el rabo para despedirme, nos vamos a casa, pero no tengo fuerzas para caminar. Por favor, cogedme que no puedo. Parece que me han entendido, pues, primero una y luego la otra, me llevan en sus brazos.

Por fin llegamos a casa, tengo mucho frío. Ellas lo notan y me ponen en el sillón, con una mantita, pero sigo temblando. Mamá me coge en brazos y me da calor. Lu me acaricia. ¡Ay! ¡Qué a gusto se está en casa! Voy a dormir otro ratito, a ver si se me pasa el frío y la flojera.

Nube Lengualarga

25. Soy demasiado irresistible

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Salimos a la calle, tengo prisa por llegar al paseo, así que voy arrastrándolas. Aunque me estiran de la correa para que no tire, intento contenerme pero no puedo, tengo ganas de ver a mis amigos.

Por fin, llegamos al paseo. Rec ya ha estado por aquí, ha dejado su huella, no huelo a Pity, todavía no ha salido.

–¡Ey! ¿Tú quién eres? –Noto como alguien me asalta por detrás.

–¡Hola, hueles muy bien! ¿Quieres que seamos amigos?

–No, no me gusta cómo me hueles, además eres muy grande para mí. –Menos mal que viene Lu a salvarme. El pesado se va. Seguimos el paseo. Otro se acerca.

–¡Ah! Eres tú, Pijama. Creía que era otro pesado. ¿Qué haces, porque intentas montarme?

–¡Hola, Nube! Hoy hueles diferente, estás como diría… ¡Irresistible!

–Pijama, no te pases, que no me gustas, además yo ya tengo novio, Pity.

Su amo lo llama.

–Bueno, me voy Nube. Si cambias de opinión, ya sabes, levanta la cola.

Pero, ¿qué pasa hoy? ¡Se han vuelto locos!

¡Oh, no! A lo lejos veo que vuelve el pesado de antes. Voy a correr hacia Lu.

Ella no entiende lo que me pasa, pero cuando ve venir al pesado, me coge en sus brazos. Pero el pesado no se detiene, quiere poseer a Lu también, Mamá intenta quitárnoslo de encima, pero es grande y no puede con él, así que se une a nosotras abrazándonos intentando protegernos. A lo lejos, se oye la voz de su amo llamándolo, pero no hace caso.

Cuando finalmente, el amo se acerca, lo coge y le pone la correa. Se disculpa con mamá, se le había escapado cuando ya estaban al final del paseo, por lo visto mi olor es irresistible.

Vaya susto que nos hemos llevado, yo porque si me coge me destroza y ellas porque no sabían cómo quitárselo de encima.

Después de esto, se no han ido las ganas de seguir paseando, así que regresamos a casa.

He oído a mamá decir que hasta que no se me pase el celo, el paseo va a ser tranquilo, por sitios donde no haya muchos perros.

¡Qué lástima! Espero que el celo ese no dure mucho. Bueno, no pasa nada, como dice Pity, será porque ¡Soy demasiado irresistible!

Nube Lengualarga

24. Mi primer celo

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Hoy he empezado a manchar, no paro de limpiarme pero sigo manchando. Me han puesto unas braguitas de Lu, pero es muy incómodo así que me las quito y se enfada. Como ya se han marchado jugaré con ellas hasta que vuelvan.

Huelo diferente, como a más perra, es un olor más intenso. Además, huelo cada perro que pasa, no me importaría irme con él. Pero tengo que esperar a que vuelvan y me saquen a pasear, mientras me conformaré con olerlos y verlos asomada al balcón.

Huele a Rec, sí es él, pasa por la acera de enfrente. Voy a llamarlo.

–¡Guau! ¡Hola, Rec! ¡Aquí, arriba!

–¡Hola preciosa! ¿Te vienes a dar una vueltecita, antes de que me encuentre mi amo?

–No puedo, Rec, tengo que esperarlas. ¿Ya te has vuelto a escapar?

–Sí, ya sabes, soy un perro independiente

Menea el rabo y me guiña un ojo. Mientras a lo lejos, se oye la voz de su amo llamándolo.

–Bueno, Nube, te dejo que no quiero que me encuentre todavía.

Este Rec, no cambia, supongo que será difícil cambiar de ser un perro vagabundo, o como le gusta decir a él, un perro independiente, a ser un perro dependiente y acoplarse al collar, la correa y todo lo demás. Aunque siempre que puede se escapa, luego acaba volviendo, pues es independiente pero no tonto, y sabe que con su amo, comida, casa y cuidados no le van a faltar. Además yo sé que se quieren, eso se nota, los perros lo demostramos meneando el rabo y si los humanos nos miraran más a los ojos enseguida sabrían todo el amor que sentimos por ellos. Y si hicieran caso a sus sentidos, hasta podrían oírlo, pues cuando un perro suspira en el regazo de su amo, en verdad le está diciendo lo mucho que lo quiere.

Ahora huelo a Lu y a mamá, ya vienen, voy a asomarme al balcón, sí son ellas, voy a saludarlas.

–¡Guau!

Ya están abriendo la puerta del patio. ¡Anda! ¿Dónde habré dejado las braguitas? Están aquí debajo del sillón, ya las cojo, no me las puedo poner como antes, bueno no pasa nada me las pondré como pueda en la cabeza. La puerta, voy corriendo.

El ritual de siempre, levanto las dos patas delanteras, las sacudo, luego ellas me dicen algo, yo las rodeo meneando el culo y cuando me tocan, no puedo evitarlo se me escapa el pipi, luego mamá grita un poco, pero también tengo que decir que se está acostumbrando a que se me escape, así que cada vez grita menos, se queda en: ¡Nube!, no como antes que era: ¡Nubeeeeee!

Ellas también me han echado de menos, lo sé por la cantidad de mimos que me dan al llegar. Cuando tienen prisa, los mimos los guardan para después pero esta vez no tienen prisa y me los dan todos al llegar. Dejan sus bolsos, mientras deseo que cojan la correa.

¡Sí, bingo! ¡La cogen! Nos vamos a pasear.

@nubelengualarga

23. Soy irresistible

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No he podido quitarme de la cabeza a Pity, todavía tengo su aroma en mi piel. Volvemos a pasear: Por favor, por favor, que lo vuelva a ver.

Pasamos por delante de su casa, pero no nos detenemos, aunque nos paramos en la esquina. ¿A quién vamos a esperar?

Pasa un perro, aunque él viene con buenas intenciones, no me interesa, mi corazón solo pertenece a Pity.

No puede ser, vuelvo a olerlo, creo que me estoy obsesionando un poquito.

Aspiro profundamente. ¡Es él!, lo huelo.

Se abre la puerta del portal de su casa, la he oído. Seguimos esperando.

Unos pasos, unas patas, un aroma.

Alguien va a doblar la esquina: 3, 2,1, ¡es él!

–Hola, bombón, ¿me esperabas?

¡Uy! De la alegría no he podido resistirme y se me ha escapado el pipi otra vez, pero a Pity no le ha importado, lo huele y le gusta. Creo que le gusto, pues me está babeando otra vez.

Nos vamos juntos, bueno con nuestras amas, no sé a dónde pero espero que sea muy largo nuestro paseo.

Mientras ellas hablan, nosotros caminamos uno junto al otro, Pity va primero, yo le sigo, sin parar de oler su aroma, que me pone muy tonta.

Cogemos un camino nuevo, espero que donde nos lleven podamos jugar sin estar atados a las correas.

Subimos un puente, caminamos un poco más y abren unas rejas, hay muchos más perros que vienen cuando entramos, pero yo solo quiero estar al lado de mi Pity.

Nos sueltan y empezamos con las presentaciones. No somos muchas perritas, bueno en concreto, Thais, una pitbull y yo, los demás son todos machos, hay un galgo algo pesado que solo quiere comerme la lengua, luego dos teckel o perros salchicha, pero estos tienen artrosis y aunque intentan seguirme, no pueden alcanzarme, otro pitbull que debo de haberle gustado porque no me lo quito de encima y otro mestizo como yo, que también debo de haberle gustado pues también va detrás de mí. Pero yo corro tras Pity y aunque él se ha dado cuenta que me molestan e intenta que me dejen en paz, no hay manera de quitármelos de encima. ¡Qué pesados! Y eso que corro mucho, excepto el galgo que corre más que yo, a los otros los dejo atrás.

Pity, mientras, se ha cansado de correr y está intentando morder una piedra, a mí me gustan más los palitos, las piedras están muy duras y más para mí que no tengo casi dientes, bueno tengo dos y uno es negro, para diferenciar. De momento, estoy esperando que me salgan más, pero parece que no quieren salir, da igual con las muelas y estos dos dientes pequeñitos el negro y el blanco, tengo bastante para comer y morder.

¡Qué pesados, no me los quito de encima!

Estoy ya cansada, la lengua ya me llega casi por el suelo. Voy a descansar con mamá, ella está hablando con el ama de Pity, parece que se llevan muy bien. Me refugio entre sus piernas y cómo no, los demás me persiguen. Mamá intenta alejarlos, pero no hay manera. Mientras Pity sigue sin hacerme caso, parece que le interesa más la piedra. ¡Cosas de perros!

Me estoy empezando a poner muy nerviosa, ¡me agobian!

Mamá lo nota y nos vamos para casa, Pity también se viene ¡Bien!

–¿Qué tal, bombón? ¡Eres irresistible!

–¿Sí, tú crees? –me pongo tontorrona, me tiro al suelo para que se ponga sobre mí, pero mamá me riñe y me tengo que levantar ¡Corta rollos!

Nos marchamos a casa, pero esta vez es Pity quién me sigue, no para de oler mi trasero, tiene razón. ¡Soy irresistible!

22. El amor está en el aire

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Pensaba que sería un paseo más pero no lo iba a ser. Por el camino nos íbamos encontrando a amigos, que o iban o venían de su paseo.

De repente un olor encantador embriagó mi olfato, olismeé de dónde venía ese aroma, a lo lejos divisé un perro, era alto y negro, que tiraba de su ama, como si fuera un caballo, ¿podría ser él? Conforme se iba acercando, el olor era cada vez más fuerte, hasta que finalmente se produjo el encuentro.

Sí, era él. Me gustaba mucho su olor, dejé que me oliera a mí también. Debió de gustarle lo que olía, porque seguidamente empezó a jugar conmigo, es más empezó a lamerme.

–Hola, bombón, me llamo Pity, ¿y tú?

–Yo soy Nube –los perros no nos ruborizamos, en vez de eso, nuestro cuerpo empieza a formular una sustancia que cambia nuestro aroma, haciéndolo más agradable, más irresistible. Y el mío debió de funcionar, porque Pity no dejaba de olerme y lamerme todo el cuerpo. Mi corazón iba a mil por hora, nunca antes me había pasado esto con ningún perro. Nuestras correas se liaban una y otra vez, para mareo de nuestras amas, pero no nos importaba solo queríamos estar uno junto a otro.

Empezó a morderme la orejita, yo también intentaba hacerlo pero él es mucho más alto que yo, me he fijado que tiene las puntitas de las patas blancas, ¡qué gracioso! Parece que lleva a medio poner los calcetines.

Me ha intentado comer la lengua, eso no me ha gustado mucho, pero a él le dejo, porque sé que lo hace cariñosamente y que no me hará daño. Cuando hemos oído que cada uno se marchaba a su casa, me he rendido a su cuerpo y me he tumbado boca arriba para dejárselo claro. Él ha respondido poniéndose encima de mí y he podido sentir su corazón tan agitado como el mío. Nos hemos intercambiado olores, babas, pelos, para que vayamos donde vayamos tengamos algo del otro, hasta que nos volvamos a ver. ¡Aish! Espero que sea pronto.

Al marcharse me he girado, lo he memorizado para recordarlo en mis sueños, es alto, esbelto, tiene el pelo liso, negro azabache, patas ágiles con pequeños calcetines blancos puestos.

Y su olor, su aroma es un perfume que embriaga mis sentidos.

Creo que me he enamorado y él también.

Espero verlo pronto, muy pronto.

Nube y Pity amor por siempre.

Ahora mis suspiros tienen nombre y ese es ¡Pity!