14. El misterio de “RONCADO” el oso

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He estado unos días con pocas ganas de jugar, la verdad es que no me apetecía ni tan siquiera salir a pasear, prefería quedarme en casa acurrucada en el almohadón. Ellas estaban preocupadas por mí, se lo veía en sus caras porque si os fijáis cuando los humanos se preocupan se les pone una arruguita en la frente y tanto a Lu como a mamá, se les ponía cuando se acercaban a acariciarme, además también me han dado muchos mimos, e incluso cuando se subían al sillón me cogían y me sentaban con ellas. Yo me acurrucaba entre sus brazos y se estaba muy bien, me daban calorcito.

Ya he descubierto el misterio del oso, os lo contaré.

Después de comer, mamá siempre se sienta en el sillón para ver la tele, pero la ve poco porque se queda dormida, cuando esto pasa, empieza a salir el sonido del oso, de su boca, ella duerme, pero ese sonido sale de dentro de ella, estaba muy intrigada, la observaba para ver si salía el oso. Pero no salía. Cuando despertaba le preguntaba a Lu: ¿He roncado? A lo que Lu, respondía siempre lo mismo: .

¿Roncado? ¿Se llamaría así el oso que está dentro de mamá?

Como todo ello me intrigaba, cuando vi a Rec, que sabe muchas cosas, le pregunté:

–Rec, ¿conoces a Roncado el oso que hay dentro de los humanos cuando duermen?

Rec, no entendía nada de lo que le decía, él no había conocido a ningún oso, así que intenté explicarme mejor.

Y de repente, empezó a reírse de mí.

–Nube, pero qué dices de osos dentro de los humanos, no hay ningún oso dentro de ellos, lo que hacen es roncar, no todos algunos y tampoco siempre, mi amo también ronca cuando se duerme en el sillón. Me estoy acordando de una historia que todavía no te he contado, ¿quieres que te la cuente?

Pero mamá me llamó y tuvimos que dejar la historia para otro día.

Os la contaré, os lo prometo por la patita de una perrita.

13. El mago veterinario

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Hoy no he podido dormir bien, tenía mucha tos y cuando parecía que iba a coger el sueño, volvía. Además aunque estaba metida en el barreño con el cojín y la mantita, tenía mucho pero que mucho frío.

Lu y mamá se han marchado, estoy sola en la casa de nuevo pero no me apetece moverme de aquí. Además también me duele la tripa.

La mañana se me ha hecho larga, pero por fin ya están de vuelta, hoy no he salido a recibirlas y las dos han venido corriendo a saludarme. Están preocupadas, lo noto en sus miradas.

Me han cogido con la mantita y nos hemos ido con el coche.

Aunque no me gustan los coches, no tenía ganas de protestar, así que no me he movido del regazo de Lu. No hemos ido muy lejos. Al bajar, no me apetecía andar y Lu me ha cogido en sus brazos, ¡es tan buena conmigo! Luego hemos entrado en una especie de tienda, pero olía a comida, ¡mi comida!

Hemos pasado a una sala que estaba muy fría y allí me han puesto en lo alto de una mesa, esta vez mamá no ha gritado por verme encima de la mesa, es más, ha sido ella la que me ha colocado allí. Luego ha venido un chico que olía bien, pero tenía olores de otros perros, me ha hecho cosquillitas en las orejas, con una luz me las ha mirado, también los ojos, mientras me acariciaba y eso me gustaba, pero de repente me ha metido una especie de palito por el culito. ¡Ay! ¡Eso me ha dolido! Luego me ha pinchado con una aguja y tampoco me ha gustado. Aunque les he oído decir que era veterinario, la veterinaria que me cogió cuando estaba con mamá no me pinchó, pero este sí que lo ha hecho, creo que este veterinario no me gusta nada, aunque me haga caricias, le he oído decir que mi tos es tos de la perrera, pero allí ningún perro tosía ¡Qué raro! Luego me ha dicho que me he portado bien, así que me ha dado una chuche, estaba muy rica, creo que ya no me cae tan mal. Se llama Eduardo y cuando me he despedido de él para mostrarle que me caía bien, le he meado un poquito, es que me ha rascado la tripa y ante eso no puedo resistirme, pero creo que no le ha importado porque se ha reído. Además le ha dado un saco a mamá que huele a comida, por fin creo que se va a acabar el odioso arroz, que no le gustaba a nadie, porque ellas tampoco se lo comen.

Al llegar a casa, me han puesto un nuevo cuenco con comida de verdad, sabe distinta a la que tenían los perros en la perrera y que yo comía cuando mamá no se daba cuenta pero también está buena, tenía tanta hambre que no he podido parar y me la he comido tan rápido que se han asustado y me han puesto un poquito más, pero luego la he tirado, creo que he comido demasiado rápido, esta vez no se han enfadado, al contrario, han entendido que estoy enferma. Lu me ha dicho, que con la medicina que me ha dado Eduardo, “el molesto veterinario”. Creo que no es justo que le llame así, mejor le llamaré el “mago veterinario”, porque mañana gracias a su magia, estaré buena y podré seguir con mis juegos y aventuras.

12. La historia de Rec

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Como todas las mañanas, después de que Lucía se marche al instituto, salimos a pasear mamá y yo, solemos coincidir con algún amigo y nos saludábamos oliéndonos, algunos como yo de buena mañana, ya tenemos ganas de jugar, pero hasta que no llegamos a la zona donde nos sueltan, no podemos hacerlo.

Hoy nos hemos encontrado a uno nuevo, es mayor que yo y huele raro, pero se ha acercado a mí y se ha presentado:

–¡Hola perrita!

–¡¡Uy… !! ¡Hola!, tú debes ser nuevo por aquí, no recuerdo haberte olido antes.

–No te equivocas, preciosa, he estado vagando por muchos sitios, pero me he decidido a quedarme por un tiempo…

–Rec, ven aquí. –Gritaba su amo.

–¿Es tu amo?

–Bueno a él le gusta pensar eso, pero yo nunca he tenido amo, ni lo tendré, yo le obedezco porque sé que eso le hace feliz. Desde aquel día en el parque, me dio tanta pena…

Otra historia, ¡qué bien!, pensé. No pude resistirme a seguir preguntándole:

–¿Qué pasó?

–Estaba olisqueando un trozo de papel, quedaban restos de bocadillo y ya sabes, antes de echártelos a la boca, hay que oler, no vaya a ser que luego tu estómago no lo acepte y pases un mal rato. Bueno, el caso es que allí estaba él, sentado en un banco, me debió de ver algo desesperado y hambriento, así que me trajo un trozo de pan, como verás, a ese suculento manjar, nadie le dice que no y menos cuando no sabes cuándo volverás a pillar otro. Preciosa, ese es uno de los precios de ser libre, no tienes el pienso asegurado.

Me molestaba que me llamara Preciosa, así que le recordé:

–Nube, me llamo Nube.

Aunque él no me hizo mucho caso y siguió contándome:

–El caso es que me acarició, hacía mucho tiempo que no notaba el calor de la piel del humano en mi pelaje, y me gustó, miré su cara, su rostro reflejaba tristeza y de sus ojos azules salían lágrimas que intentaba reprimir pero no lo conseguía, me dio mucha pena. Me cogió tiernamente de la cabeza y me miró a los ojos y me dijo que le recordaba a su perro, que apenas unas semanas antes había tenido que sacrificarlo, porque el pobre sufría unos dolores tremendos. Como te digo, me dio mucha pena aquel anciano, le vi que tenía un corazón muy grande y se encontraba tan solo por la pérdida de su compañero, que decidí no huir y me quedé con él. Pero no te creas, que a veces me cuesta quedarme a su lado, me lava cuando me mancho, me quiere llevar atado con un cinturón alrededor de mi cuello, ¡¡uff!! Son cosas que no las aguanto y me entran ganas de escapar, pero por otro lado me deja acurrucarme a su lado en el sillón por las noches, y me da parte de su comida, él vive solo y habla conmigo porque no tiene con quién hablar, por las mañanas dice que soy lo único que le anima a levantarse, que si no fuera por mí, estaría todo el día en la cama. Me he convertido en su única razón para vivir, a su manera, a veces me grita mucho, sé que me quiere y yo también, a mi manera, también le quiero, aunque a veces no le haga mucho caso, pero formamos una buena pareja, el anciano y el vagabundo.

Ambos nos echamos a reír, -sí, los perros también nos reímos al igual que lloramos-, por la ocurrencia de Rec.

–¡Rec! Ven aquí. –Gritaba su amo.

–Creo que se está enfadando –dije.

–¡Bah!, no te preocupes, siempre parece que esté enfadado, pero no es así, es su forma de demostrar que él es el amo, pero para mí es un compañero.

Y haciéndome un guiño, se marchó corriendo hacia su amo, bueno su compañero. No sin antes, decirme.

–Nos vemos otro día, preciosa…

–Nube, me llamo Nube –ladré

–Vale, vale, Nube, me ha gustado conocerte, hueles muy bien.

–Gracias, tú también hueles….–uff, no sabía qué decirle–diferente.

Volvimos a reír los dos.

Rec, creo que éste es el comienzo de una perruna amistad.

#historiasdeanimales

11. Las redes sociales de los perros.

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Los perros también tenemos nuestras propias redes sociales, aunque es evidente que son muy distintas a las vuestras. Para empezar se llaman HP: huellas de perros o HC: huellas de cachorros.

En todo buen paseo que se precie, siempre elegimos una zona, un sitio donde todos dejamos nuestra huella, así los perros que pasen después saben que ya hemos paseado, además por nuestro sentido del olfato podemos detectar lo que cada uno ha comido, si estaba contento o triste, si estaba malo e incluso si tiene parásitos.

Cuando paseábamos la primera zona era un triángulo de césped para los cachorros o como le llamamos la HC, ahí sabíamos si había nuevos olores, la raza que era y qué tal estaba.

Luego cruzábamos la carretera, el siguiente triángulo de césped era el de los perros adultos o la HP. Aunque en este todavía no podía dejar mi huella, sí que podía entrar en él y oler los perros que habían pasado por delante de mí, así sabía si Ojitos saltones ya había paseado o si Kika había estado jugando con las piedras.

También tenemos nuestro sistema de correo, cuando un perro quiere dejar un mensaje para los demás, mea en una rueda. Tengo que decir que este sistema lo utilizan mayoritariamente los perros cuando buscan novia. Si alguna le resulta interesante responde meando cerca de la rueda, para que cuando pase sepa que está disponible. Es otra forma de comunicarnos.

Aunque la mayoría de los amigos que he conocido no son de raza pura, también conozco a algunos que sí lo son , ellos dicen que son de raza como si eso fuera algo extraordinario, aunque yo los veo a todos muy parecidos; sin embargo los que somos mestizos porque no somos de raza sí que somos únicos, pues la mezcla de tantas razas hace que cada una de ellas nos deje alguna peculiaridad, rareza o singularidad, además yo no les veo nada especial pues mean y cagan como nosotros, van con correa y también siguen a su amo. Debe de ser porque los tratan como trataban a Mimí, porque siempre llevan abrigos o suéter, aunque huelen a perro mezclado con otros olores.

He conocido a un trío presumen de ser de raza pura, son tres chihuahuas y se llaman: Duque, Princesa y Barón. Sus nombres son más grandes que ellos. Se las dan de finos y no les gusta acercarse a los demás, pero yo los veo con las mismas ganas de jugar que todos nosotros. Así que si ellos lo dicen, serán de raza pura, aunque yo no entienda muy bien de qué va eso.

¡Ah! Y también dejan sus huellas en nuestras redes sociales.

Aquí escribiendo mi blog
Nube Lengualarga

10. Mis nuevos amigos

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Me gustaba pasear con Lu, todo era nuevo para mí. El barrio donde vivíamos se llamaba: La Colonia. Pero no sé por qué, pues nunca olía a perfume.

Poco a poco fui conociendo a los vecinos del barrio y también a sus dueños. Algunos se presentaban otros simplemente me olían y se marchaban.

Vino una perrita corriendo, nos olimos y me dijo:

–Hola, ¿eres nueva por aquí?

–Sí, me llamo Nube

–Yo soy Nieve, pero no me gusta, mis amigos me llaman Ojitos saltones así que si quieres me puedes llamar así. Me marcho que se van sin mí. Encantada de conocerte.

Se fue corriendo, antes de que sus amos la dejaran atrás. ¡Qué graciosa, Ojitos saltones!

Luego conocí a otros tres, no tenían cara de muy buenos amigos, iban juntos, uno negro, otro blanco y otro a manchas negras y blancas, decidí esperarlos para ver qué se contaban, pero los tres se acercaron me olieron y cuando fui a olerlos, se marcharon. Aunque el manchado se volvió y se presentó:

–¡Hola, soy Junior! Aquel es mi padre: Pitbull y mi madre: Yei Lou. Son un poco gruñones, pero es porque son mayores.

–Yo soy Nube.

Oímos un gruñido, era su padre llamándolo para que no se entretuviera. Bueno, ya conocía a tres más.

Lu me tiraba un palo y voy iba corriendo a cogerlo, ¡vale ya lo tenía!, ¿y  qué tenía qué hacer? No entendía nada ¡vale, pues me lo quedaba! ¡Uy, y me tiraba otro! Si no me cabía en la boca, ¿era porque no le gustaba el primer palo? No, entendía qué le pasaba, porqué tiraba palos y para qué. Además, siempre había problemas con los palos. De repente, aparecía alguien y se llevaba el palo, a mí me daba igual, Lu siempre encontraba más palos, pero algunos no lo llevaban bien como cuando de repente:

–¡Eih! ¡Qué ese palo es mío!

–¿Tú quién eres?

-Me llamo Nube, ¿y tú?

–Soy Kika, me gustan más las piedras, pero como todavía no he llegado a la zona donde están, te cojo el palo, ¿me lo prestas?

–¡Si ya me lo has cogido! pero bueno no pasa nada, Lu encontrará otro. Hasta luego, que me está llamando.

Sigo sin entender el juego de los palitos, ellos nos lo tiran para que vayamos a por ellos y luego se los damos y nos lo vuelven a tirar ¿Entonces? ¿Para qué los tiran?

No hay quien entienda a los humanos.

9. Una gran gourmet

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Los ruidos me despertaron, la luz asomaba por la puerta donde ellas estaban durmiendo, se oían voces, ya estaban despiertas. La puerta se abrió y apareció Lu: ¡Hola, Nube!¡Buenos días! Me empezó a acariciar, eso me gustaba: vaya, te lo has pasado bien esta noche, ya veremos que dice mamá cuando lo vea.

No tardó en abrirse de nuevo la puerta y esta vez salió May, al ver el periódico roto y el regalo que había salido de mi cuerpo, empezó a gritar, solo le entendía: ¡Nubeee! Me acurruqué en el regazo de Lu, sabía que iba a tener problemas.

Bueno, no fue para tanto, todo estaba limpio, cuando Lu y yo subimos de la calle.

Luego se marcharon y me quedé sola en casa. Habían dejado la puerta de sus habitaciones abiertas, aunque también habían puesto un tablero y no podía pasar. Me acordé de los extraños ruidos de la noche anterior y que eran exactamente igual que cuando mamá imitaba al oso del cuento, pero yo no olía a oso, bueno tampoco sabía exactamente cómo debían oler,  debía de haberse escondido, porque oír, lo oí. Intentaba una y otra vez saltar el tablero pero no podía, ¡todavía! Salí al balcón, había una planta, la tierra estaba buena. Las hojas no me gustaban tanto.  Descubrí la ropa que está colgada. Me di impulso y enganché algo ¡Uy! ¡Era un calcetín! Está blandito y olía a flores, ¡qué raro! Así fue como descubrí que me gustaban, además de la tierra y el papel. ¡Eso solo era el principio!

 Intentaba subir al sillón a la de una, dos y tres, pero no llegaba: ¡todavía! La mesa, tenía una esquina muy apetitosa,  la madera ¡Ah, y las paredes!, las rascaba con la pata y salía un polvo blanco que estaba rico, rico.

Cuando volvieron Lu, me daba mis mimos y yo le correspondía con un pequeño o gran pipi, que quería decir que me alegraba mucho de verlas. Pero May, solo gritaba: ¡Nubeeeee! Era normal, no le gustaba que mordiera la mesa, ni que jugara con el calcetín, ni que rascara la pared, ni que comiera papel y tierra.

Pero yo, busqué el regazo de Lu y volví a poner mi carita de perrita buena y conseguí sacar una sonrisa a May.

Con ello había descubierto dos cosas: cómo ganarme a May y que era una gran gourmet.  O al menos así me llamaron.

8. Mi primera noche. Llorar y llorar.

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Recuerdo que mi primera noche la casa estaba oscura y solo se oía un ruido que salía de detrás de la puerta, donde ellas dormían, lo sabía porque las olía y también oía su respiración, aunque a veces oía un extraño ruido. Mamá nos contó una vez un cuento sobre un oso y cuando lo imitaba hacía un ruido similar, ¿tendrían un oso allí dentro durmiendo con ellas? No lo sabía, me intrigaba, a la mañana siguiente cuando abrieran la puerta entraría a investigar, pero no husmeaba a nada extraño. En esa especie de cama que me habían hecho se estaba bien, pero todavía no tenía sueño así que me puse a explorar por la casa. La parte que más me gustaba era la que olía a comida, allí habían dejado un cuenco con arroz, pero a mí no me gustaba el arroz, así que se lo dejé para que se lo comieran ellas. Tenía mucha hambre, pero no encontraba nada para comer, bueno sí, en el suelo habían dejado papel, que sí que me gustaba, así que comí un trozo. ¡Uy! Todavía tenía el estómago un poco revuelto, así que se me volvió a escapar ¡Uff, olía fatal! Debía de ser por todas las golosinas que los niños me dieron.

Como no encontré nada más digno de comer y estaba muy cansada, me tumbé en el suelo y me dormí. Recuerdo que soñé con los amigos de la perrera, con mis hermanas y con mamá. ¡La echaba tanto de menos! Pero qué podía hacer, lo único que se me ocurrió: llorar. Y lloré y lloré toda la noche.

Nube Lengualarga