23. Soy irresistible

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No he podido quitarme de la cabeza a Pity, todavía tengo su aroma en mi piel. Volvemos a pasear: Por favor, por favor, que lo vuelva a ver.

Pasamos por delante de su casa, pero no nos detenemos, aunque nos paramos en la esquina. ¿A quién vamos a esperar?

Pasa un perro, aunque él viene con buenas intenciones, no me interesa, mi corazón solo pertenece a Pity.

No puede ser, vuelvo a olerlo, creo que me estoy obsesionando un poquito.

Aspiro profundamente. ¡Es él!, lo huelo.

Se abre la puerta del portal de su casa, la he oído. Seguimos esperando.

Unos pasos, unas patas, un aroma.

Alguien va a doblar la esquina: 3, 2,1, ¡es él!

–Hola, bombón, ¿me esperabas?

¡Uy! De la alegría no he podido resistirme y se me ha escapado el pipi otra vez, pero a Pity no le ha importado, lo huele y le gusta. Creo que le gusto, pues me está babeando otra vez.

Nos vamos juntos, bueno con nuestras amas, no sé a dónde pero espero que sea muy largo nuestro paseo.

Mientras ellas hablan, nosotros caminamos uno junto al otro, Pity va primero, yo le sigo, sin parar de oler su aroma, que me pone muy tonta.

Cogemos un camino nuevo, espero que donde nos lleven podamos jugar sin estar atados a las correas.

Subimos un puente, caminamos un poco más y abren unas rejas, hay muchos más perros que vienen cuando entramos, pero yo solo quiero estar al lado de mi Pity.

Nos sueltan y empezamos con las presentaciones. No somos muchas perritas, bueno en concreto, Thais, una pitbull y yo, los demás son todos machos, hay un galgo algo pesado que solo quiere comerme la lengua, luego dos teckel o perros salchicha, pero estos tienen artrosis y aunque intentan seguirme, no pueden alcanzarme, otro pitbull que debo de haberle gustado porque no me lo quito de encima y otro mestizo como yo, que también debo de haberle gustado pues también va detrás de mí. Pero yo corro tras Pity y aunque él se ha dado cuenta que me molestan e intenta que me dejen en paz, no hay manera de quitármelos de encima. ¡Qué pesados! Y eso que corro mucho, excepto el galgo que corre más que yo, a los otros los dejo atrás.

Pity, mientras, se ha cansado de correr y está intentando morder una piedra, a mí me gustan más los palitos, las piedras están muy duras y más para mí que no tengo casi dientes, bueno tengo dos y uno es negro, para diferenciar. De momento, estoy esperando que me salgan más, pero parece que no quieren salir, da igual con las muelas y estos dos dientes pequeñitos el negro y el blanco, tengo bastante para comer y morder.

¡Qué pesados, no me los quito de encima!

Estoy ya cansada, la lengua ya me llega casi por el suelo. Voy a descansar con mamá, ella está hablando con el ama de Pity, parece que se llevan muy bien. Me refugio entre sus piernas y cómo no, los demás me persiguen. Mamá intenta alejarlos, pero no hay manera. Mientras Pity sigue sin hacerme caso, parece que le interesa más la piedra. ¡Cosas de perros!

Me estoy empezando a poner muy nerviosa, ¡me agobian!

Mamá lo nota y nos vamos para casa, Pity también se viene ¡Bien!

–¿Qué tal, bombón? ¡Eres irresistible!

–¿Sí, tú crees? –me pongo tontorrona, me tiro al suelo para que se ponga sobre mí, pero mamá me riñe y me tengo que levantar ¡Corta rollos!

Nos marchamos a casa, pero esta vez es Pity quién me sigue, no para de oler mi trasero, tiene razón. ¡Soy irresistible!

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