20. ¡VIVA LA NAVIDAD!

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Una nueva actividad ha aparecido hoy, de repente las dos han empezado a sacar cajas, una era enorme y alargada, otras dos más pequeñas. De la grande ha empezado a salir una cosa verde, no olía a nada, pero tenía mucho polvo y esos molestos bichitos se me han metido en la nariz y no he podido evitar estornudar. Luego eso verde se ha hecho cada vez más grande, las dos iban extendiendo sus ramas, yo esperaba, pero no he podido evitar saltar para intentar coger una de ellas, al final ha salido de la caja ¡un árbol! Aunque no es como los del parque, este no huele, ni sus hojas son sabrosas, pero si paso mi lomo por debajo de ellas me hacen cosquillitas, bueno no es igual pero es divertido.

Han empezado a colgar cosas de él, primero unas cintas de colores, les he conseguido quitar una de ellas y era muy divertido verlas correr detrás de mí para cogerlas, pero ellas eran dos, yo una y han conseguido quitármela. Luego han empezado a colocar bolas que al caer al suelo hacían un sonido extraño, no sonaba como las pelotitas que me lanzan, eran duras y no se podían morder, llevaban un hilo para colgarlas en el árbol. También había un muñeco blanco, formado por dos bolas una más grande que otra, la que hacía de cuerpo; llevaba un sombrero negro, una nariz de zanahoria y una bufanda en el cuello. ¡Qué extraño personaje! ¿Quién será? No importa, también a él lo colgaban en el árbol, así que no me sirve para jugar. Cuando no quedaban más cosas dentro de las cajas, han colgado una estrella grande en la copa del árbol y por último unas bombillitas de luces de colores que se encendían y apagaban, era divertido, las he intentado coger pero no me han dejado, yo solo quería verlo, olerlo y por qué no, también cogerlo. Pero para todo hay tiempo, así que cuando se marchen y me dejen sola de nuevo, volveré al árbol y las cogeré.

Pasan los días, pero el árbol es terreno vetado para mí. Esperaré mi oportunidad.

Ha llegado mi momento. mamá está trabajando en su estudio. Me muevo sigilosa, que no me vea, me oiga o note que estoy escondida tras el árbol, intento coger una bola, pero resbala mucho, no puedo; las cintas de colores, eso es más fácil, el árbol se mueve.¡ Me han pillado! Se levanta, corre, pero es demasiado tarde el árbol cae y yo corro con mi trofeo, ¡la cinta de colores! Me hace cosquillas por el cuello, me la lío, me la pongo. Vuelven a ser dos contra mí, no me queda más remedio que rendirme y mirarle con mi cara más tierna mientras le digo: ¿Estoy guapa?, pero parece que no les hace mucha gracia.

Me gusta, este collar nuevo, no tira, no es duro, es suave y hace muchas cosquillas por el cuello, pero mamá parece no estar conforme, me riñe y me lo quita. ¿Qué habré hecho de nuevo?

Creo que no le ha gustado el juego porque después de quitarme mi trofeo y de recoger el árbol y las bolas que se habían roto en la caída, han vuelto a sacar la caja, han desmontado el árbol y lo han guardado, junto con las bolas, las cintas de colores y a ese extraño con una zanahoria en la nariz.

Me he quedado sin poder coger esas cintas que me hacían cosquillitas en el cuello.

¡Bueno otra vez será!

¡¡Feliz Navidad!!

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