19. La más “croqueta” de todos

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Al principio corrí junto al más grande, era un dóberman, di varias vueltas a su alrededor, pero no tenía muchas ganas de seguirme el juego. De repente, dos pastores alemanes, se interpusieron en mi camino, no hacían más que ladrarme, querían que dejara de correr y les hiciera caso, pero yo solo quería jugar y ellos, por lo visto, ladrar, pues no hacían otra cosa. Seguí corriendo, algunos se ponían en mi camino para pararme, pero yo era como una bala blanca corriendo con la lengua al viento, como le gusta decir a mamá.

Cuando empecé a cansarme, decidí parar, algunos habían intentado cogerme pero ninguno lo había logrado. Tenía sed, así que en una esquina vi que había un cubo lleno de agua y corrí hacia él, tenía mucha sed y mucho calor, así que después de beber, me metí dentro. Al oír los gritos de mamá pensé que no debería haberlo hecho, pero ya era tarde, estaba dentro del cubo y se estaba tan bien. Después de sacudirme, me revolqué en la arena, pensé que igual así no se notaba que estaba algo mojada, pero debió de notarse, pues mamá volvió a gritar. Yo corrí hacia ella, para que no se enfadara, pero algo debí de hacer muy mal, pues ambas Lu y ella, se apartaron al verme llegar.

Me di cuenta que había una perrita muy graciosa, que parecía que tenía algo de miedo a los grandullones, así que me acerqué a ella, pero la dueña también gritó, apartándome de la Nena, que era así como la llamaba, por lo visto, no dejaba que me acercara a ella porque yo iba muy sucia, la Nena, sin embargo, iba impecable olía a Coco Canel, que es la colonia que me ponen a mí también a veces, huele a coco por eso cuando me la ponen me llaman Coquito.

En fin, como no quería jugar me fui con los otros, había un galgo que corría mucho, a este no podía alcanzarlo, pero le gustaba correr como a mí.

Pasamos una tarde muy divertida o por lo menos yo. Cuando llegó la hora de irnos, sacaron una toalla del maletero e intentaron limpiarme, pero para entonces, ya estaba lo suficientemente sucia y la toalla poco podía hacer. Creo que fui la que mejor se lo pasó, también la que más se ensució. Bueno, mamá dijo que parecía una croqueta.

Volvimos otro día, pero para entonces, ya me lo sabía todo y no hacía mucho caso, eso sí, jugar, jugaba y regresaba al coche, la más “croqueta” de todos.

Después de esa segunda vez, ya no volvimos.

Mamá dijo que ya había aprendido bastante. Que no necesitábamos más lecciones sino tiempo. Y así lo hicimos, con mucha paciencia y tiempo, poco a poco nos fuimos entendiendo. Ellas tardaron un poco más en entenderme a mí, pero yo tenía mucha paciencia y tiempo para entenderlas a ellas.

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