13. El mago veterinario

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Hoy no he podido dormir bien, tenía mucha tos y cuando parecía que iba a coger el sueño, volvía. Además aunque estaba metida en el barreño con el cojín y la mantita, tenía mucho pero que mucho frío.

Lu y mamá se han marchado, estoy sola en la casa de nuevo pero no me apetece moverme de aquí. Además también me duele la tripa.

La mañana se me ha hecho larga, pero por fin ya están de vuelta, hoy no he salido a recibirlas y las dos han venido corriendo a saludarme. Están preocupadas, lo noto en sus miradas.

Me han cogido con la mantita y nos hemos ido con el coche.

Aunque no me gustan los coches, no tenía ganas de protestar, así que no me he movido del regazo de Lu. No hemos ido muy lejos. Al bajar, no me apetecía andar y Lu me ha cogido en sus brazos, ¡es tan buena conmigo! Luego hemos entrado en una especie de tienda, pero olía a comida, ¡mi comida!

Hemos pasado a una sala que estaba muy fría y allí me han puesto en lo alto de una mesa, esta vez mamá no ha gritado por verme encima de la mesa, es más, ha sido ella la que me ha colocado allí. Luego ha venido un chico que olía bien, pero tenía olores de otros perros, me ha hecho cosquillitas en las orejas, con una luz me las ha mirado, también los ojos, mientras me acariciaba y eso me gustaba, pero de repente me ha metido una especie de palito por el culito. ¡Ay! ¡Eso me ha dolido! Luego me ha pinchado con una aguja y tampoco me ha gustado. Aunque les he oído decir que era veterinario, la veterinaria que me cogió cuando estaba con mamá no me pinchó, pero este sí que lo ha hecho, creo que este veterinario no me gusta nada, aunque me haga caricias, le he oído decir que mi tos es tos de la perrera, pero allí ningún perro tosía ¡Qué raro! Luego me ha dicho que me he portado bien, así que me ha dado una chuche, estaba muy rica, creo que ya no me cae tan mal. Se llama Eduardo y cuando me he despedido de él para mostrarle que me caía bien, le he meado un poquito, es que me ha rascado la tripa y ante eso no puedo resistirme, pero creo que no le ha importado porque se ha reído. Además le ha dado un saco a mamá que huele a comida, por fin creo que se va a acabar el odioso arroz, que no le gustaba a nadie, porque ellas tampoco se lo comen.

Al llegar a casa, me han puesto un nuevo cuenco con comida de verdad, sabe distinta a la que tenían los perros en la perrera y que yo comía cuando mamá no se daba cuenta pero también está buena, tenía tanta hambre que no he podido parar y me la he comido tan rápido que se han asustado y me han puesto un poquito más, pero luego la he tirado, creo que he comido demasiado rápido, esta vez no se han enfadado, al contrario, han entendido que estoy enferma. Lu me ha dicho, que con la medicina que me ha dado Eduardo, “el molesto veterinario”. Creo que no es justo que le llame así, mejor le llamaré el “mago veterinario”, porque mañana gracias a su magia, estaré buena y podré seguir con mis juegos y aventuras.

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