8. Mi primera noche. Llorar y llorar.

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Recuerdo que mi primera noche la casa estaba oscura y solo se oía un ruido que salía de detrás de la puerta, donde ellas dormían, lo sabía porque las olía y también oía su respiración, aunque a veces oía un extraño ruido. Mamá nos contó una vez un cuento sobre un oso y cuando lo imitaba hacía un ruido similar, ¿tendrían un oso allí dentro durmiendo con ellas? No lo sabía, me intrigaba, a la mañana siguiente cuando abrieran la puerta entraría a investigar, pero no husmeaba a nada extraño. En esa especie de cama que me habían hecho se estaba bien, pero todavía no tenía sueño así que me puse a explorar por la casa. La parte que más me gustaba era la que olía a comida, allí habían dejado un cuenco con arroz, pero a mí no me gustaba el arroz, así que se lo dejé para que se lo comieran ellas. Tenía mucha hambre, pero no encontraba nada para comer, bueno sí, en el suelo habían dejado papel, que sí que me gustaba, así que comí un trozo. ¡Uy! Todavía tenía el estómago un poco revuelto, así que se me volvió a escapar ¡Uff, olía fatal! Debía de ser por todas las golosinas que los niños me dieron.

Como no encontré nada más digno de comer y estaba muy cansada, me tumbé en el suelo y me dormí. Recuerdo que soñé con los amigos de la perrera, con mis hermanas y con mamá. ¡La echaba tanto de menos! Pero qué podía hacer, lo único que se me ocurrió: llorar. Y lloré y lloré toda la noche.

Nube Lengualarga

7 comentarios en “8. Mi primera noche. Llorar y llorar.

      • Gracias mi querido amigo peludo, como llamaba yo al mío, agradezco mucho esos lenguetazos que salen de un corazón noble.
        Recibe una caricia humana con mucho cariño de una desconsolada por la partida inesperada de su gran amigo y aunque siga en mi corazón, aún podía haberse quedado a mi lado más tiempo, si no hubiera sido por la desaprensiva que lo atropelló en una calle cortada, ssliendo de un garage como si fuera de Rally y encima no paró.

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      • Lo siento con todo mi corazón. Pero amiga humana no dejes que el dolor, la rabia y la impotencia te arrastren. Llena tu mente de los buenos momentos que pasasteis juntos, veras como sientes un calorcito a tu lado que te rodea, te embarga, es todo ese amor que generasteis juntos. Y cuando la ausencia, la pérdida no sea tan dolorosa y se sane quizás, entonces sea el momento de acoger de nuevo en tu vida, el amor incondicional que los peludos somos capaces de darte. Te sigo enviando muchos lengüetazos para que te sea más llevadero tu duelo y mientras, si mis historias son capaces de sacarte una sonrisa, mi corazón se llenará de alegría, porque todas estas palabras escritas en este blog, habrán valido la pena.

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      • Gracias mi querido peludo, te seguiré leyendo y alegrándome con tus cosas.
        Ha sido un placer encontrarte aquí y poder hacer mimos a un ser tan entrañable.
        Caricias de vuelta.

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