7. Mi nuevo hogar

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Marché con ellas al nuevo hogar. Olían muy bien y no dejaban de acariciarme, así que no tenía nada que temer.

La joven me dejó en el suelo, estaba frío y había muchos olores que no conocía, de repente se abría ante mí todo un pasillo, pero yo solo podía llorar, porque ni mamá ni mi hermana estaban allí y para colmo de males, ¡me dolía la tripa! Di unos cuantos pasos, pero noté que algo se movía en mi cuerpo y necesitaba salir por algún sitio, así que abrí la boca y se escapó todo aquello que quería salir, los trozos de pan, las golosinas de los niños, algo de pienso. ¡Uff! Todo olía fatal, intenté devolverlo al estómago, pero no había quien se lo volviera a comer. Así que seguí llorando mientras la mujer empezó a correr de un sitio para otro, y a chillar, la chica mientras me apartaba de todo aquello y me volvía a coger en su regazo. La mujer cogió mucho papel y recogió, aquello, luego con un palo muy gracioso que tenía cintas que se mojaban en el agua y olían muy bien, acabó de limpiar aquello, ya estaba más calmada porque había dejado de gritar. Luego se acercó a mí y me dijo: Vaya entrada triunfal, su voz volvía a ser dulce, pero yo también pensaba que no había ido muy bien la cosa, solo pude ponerle mi mejor carita de perrita buena y a mi modo le dije: Lo siento.

Después sacaron un almohadón se estaba muy blando, una manta y lo pusieron todo dentro de un barreño, y ahí me colocaron. Mientras yo me acoplaba, ambas me miraban, cuando ya estaba metida y enrollada dentro de aquel barreño, la joven dijo:

–Mamá, ¿te parece bien si la llamamos Nube?

–¿Nube? – dijo la madre

–Sí, porque es blanca y suave, como deben de ser las Nubes.

Me gustó la explicación de la chica y el nombre también me gustaba, las nubes estaban en el cielo, yendo de un lado para otro, como yo. Sí, a mí me gustaba ese nombre, así que con un lametazo le hice saber que me gustaba.

–Creo que le gusta mamá, me ha dado un besito. –dijo la joven.

–Pues bien, si ambas estáis de acuerdo por mí, no hay problema, me gusta Nube.

Se acercó a mí y me dijo:

–Muy bien, Nube, yo soy Mayte. A lo que la joven enseguida dijo: Y yo me llamo Lucía y este será tu nuevo hogar.

Las dos me acariciaron y me sentí feliz, no tenía dudas, allí junto a ellas podríamos ser las tres muy felices.

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